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martes, mayo 5, 2026

Kike Poveda siempre: cuidar la memoria, sostener los derechos

📝 Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva de quien lo firma y no reflejan necesariamente la postura de Revista Rainbow. Asimismo, Revista Rainbow no se hace responsable del contenido de las imágenes o materiales gráficos aportados por les autores, colaboradores o colaboradoras.

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En una tarde donde la memoria se volvió homenaje y espacio de vida , la Fundación Pedro Zerolo convocó algo más que un reconocimiento : convocó a una responsabilidad. Desde Revista Rainbow, estuvimos presentes en Acción Triángulo para recordar —y sobre todo activar— el legado de Kike Poveda.

Pero hablar de Kike no es solo nombrar a una persona. Es nombrar una forma de estar en el mundo.

Kike Poveda fue un activista histórico del movimiento LGTBI+ y del activismo del VIH en España. Un superviviente —en el sentido más político de la palabra— que decidió dar la cara cuando hacerlo implicaba estigma, exclusión y violencia. En los años más duros, cuando el VIH era sinónimo de silencio o muerte social, él eligió la visibilidad como herramienta de dignidad. 

Su historia no empieza en los focos, sino en la militancia de base. Desde los años 90, participó en iniciativas como la distribución de información LGTBI en contextos donde ni siquiera existía comunidad organizada, impulsando colectivos en Alicante y tejiendo redes donde no las había. 

Ya en Madrid, su huella se hizo aún más profunda: fue impulsor del grupo de gais con VIH en COGAM y del grupo de mayores con VIH en la Fundación 26 de Diciembre. Espacios fundamentales no solo para la atención, sino para la dignificación de vidas atravesadas por el estigma. 

Kike no solo militó: encarnó una forma radical de entender la vida. Vivió con VIH, diabetes, bipolaridad y Parkinson, pero nunca desde el ocultamiento. Nunca desde la vergüenza. Su activismo atravesaba su propio cuerpo, su historia, su forma de habitar el mundo. Fue, como lo definieron quienes le conocieron, alguien que no renunció jamás ni a la libertad ni a la alegría. 

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Su trayectoria fue reconocida con el Premio Honorífico Jancho Barrios, un gesto que no solo celebraba una vida, sino una posición política: la de quienes sostuvieron el activismo del VIH cuando todo estaba en contra. 

Y quizá una de las frases que mejor lo define no habla de identidad, sino de lucha: antes que nada, Kike se definía como antifascista. 

El homenaje no fue un cierre. Fue un recordatorio incómodo y necesario: los derechos que hoy celebramos existen porque hubo cuerpos como el suyo, expuestos, visibles, desobedientes. Por eso los aplausos y las lágrimas de emoción en la sede de Acción Triángulo hoy en el barrio Lavapies en Madrid. 

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Desde el derecho, su figura interpela con claridad: no hay democracia sin igualdad real, y no hay igualdad sin memoria activa. La lucha LGTBQ+ no puede permitirse el lujo de olvidar a quienes sostuvieron lo imposible.

kike poveda
Fotografía: Mariano Cardarelli

Entre amigxs , organizaciones, fundaciones y parte de la sociedad no solo asistieron a un acto. Dio la sensación de espacio común y  un lugar en esa continuidad.

Porque Kike Poveda no es pasado.

Es línea de acción con memoria. 

Kike Poveda siempre.

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Mariano Cardarelli
Mariano Cardarelli
Lic. En comunicación social , especialista en violencias de género.

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