“Bolleras” y “Viva Franco”: repudio en Alicante tras una denuncia por agresión homófoba

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Un grupo de menores denunció una agresión durante las fiestas de Benialí, en Alicante, tras recibir insultos por su orientación sexual. Vecinos, el Ayuntamiento y organizaciones LGTBI salieron a condenar los hechos y reclaman que la respuesta no se limite a la denuncia: también hay que educar contra el odio.

Las fiestas de un pueblo deberían ser un lugar para encontrarse, celebrar y sentirse parte de una comunidad. En Benialí, una pequeña localidad de La Vall de Gallinera, en Alicante, la celebración terminó dejando una escena que vuelve a poner sobre la mesa una pregunta difícil: qué está pasando cuando la homofobia aparece entre adolescentes y se convierte en insultos, amenazas y violencia.

Un grupo de menores denunció haber sufrido una agresión durante las fiestas celebradas este fin de semana. Según los testimonios recogidos por distintos medios, tres chicos, también menores, las habrían increpado con insultos relacionados con su orientación sexual, entre ellos “bolleras” y “mariconas”, además de gritos de “Viva Franco” y “Viva Vox”. La Guardia Civil ha tomado declaración a las jóvenes, a una testigo y posteriormente a los presuntos agresores, cuyas versiones sobre lo ocurrido son diferentes. La investigación continúa abierta.

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La gravedad del episodio no está solamente en lo ocurrido aquella noche. También está en lo que revela: que determinados discursos de odio pueden terminar incorporándose al lenguaje cotidiano de adolescentes y trasladándose del insulto a la violencia.

Un pueblo responde

La reacción de parte de la comunidad fue inmediata. Vecinos de La Vall de Gallinera participaron en una concentración de rechazo a la agresión, mientras el Ayuntamiento expresó públicamente su “más absoluta repulsa y condena” y trasladó su apoyo y solidaridad a las personas afectadas.

El consistorio recordó además que las fiestas deben ser espacios de encuentro y convivencia y reafirmó su compromiso con una Vall de Gallinera “diversa, inclusiva, respetuosa y libre de LGTBIfobia”. La concentración reunió a unas 200 personas.

No es un detalle menor. Frente a una agresión que afecta especialmente a menores, la respuesta de una comunidad también importa. Que vecinos salgan a la calle para decir que la homofobia no representa al pueblo es una forma de marcar un límite: aquí no todo vale.

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“No es una broma”

Desde Diversitat Alacant calificaron los hechos como violencia LGTBIfóbica. Su presidente, Juan David Santiago, alertó sobre la aparición de nuevos “puntos calientes” de homofobia y advirtió de que no se puede permitir que el odio hacia las personas LGTBI y determinados discursos fascistas entren en la vida cotidiana de los adolescentes como si fueran algo normal.

La organización fue más allá de pedir que se investiguen los hechos y se depuren responsabilidades. Santiago señaló que detrás de conductas como esta existe también “un fracaso colectivo como sociedad” y reclamó trabajar para evitar que vuelvan a repetirse.

La ministra de Igualdad, Ana Redondo, también expresó su solidaridad con las jóvenes y condenó la agresión, vinculándola con la necesidad de responder con firmeza frente a los discursos de odio y defender los derechos humanos.

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Educar antes de tener que lamentar

La respuesta frente a la LGTBIfobia no puede comenzar únicamente cuando aparece una agresión.

La educación es una de las herramientas fundamentales para desmontar los prejuicios antes de que se conviertan en violencia. No basta con enseñar que insultar está mal. Hay que explicar por qué está mal discriminar a una persona por ser lesbiana, gay, bisexual o trans; por qué una pareja de dos chicas no es motivo de burla; por qué utilizar una orientación sexual como insulto reproduce una forma de violencia; y por qué determinados discursos que presentan a las personas LGTBI como una amenaza terminan generando miedo y exclusión.

También implica trabajar con las familias, los centros educativos, las instituciones y los espacios de ocio. Porque la educación en diversidad no puede quedar reducida a una fecha del calendario ni depender exclusivamente de quienes sufren la discriminación.

Lo ocurrido en Benialí interpela especialmente porque quienes aparecen señalados como presuntos agresores son también menores. Eso no significa minimizar los hechos. Significa preguntarse qué herramientas estamos dando a las nuevas generaciones para relacionarse con quienes son diferentes a ellos.

La conciencia también se construye en comunidad

Hay una segunda lección en lo ocurrido: la importancia de no normalizar.

Un insulto homófobo no es simplemente “una broma”. Una agresión motivada por la orientación sexual no es una pelea más. Y mirar hacia otro lado tampoco es neutral.

Que un vecino intervenga, que una comunidad se concentre, que un ayuntamiento condene los hechos y que una organización LGTBI acompañe a las víctimas son respuestas que ayudan a construir otro mensaje: el odio no tiene por qué convertirse en la norma.

Pero para que esa respuesta sea efectiva debe mantenerse más allá de los titulares.

Las campañas de sensibilización, la educación afectivo-sexual y en diversidad, la formación de profesionales, la prevención de las violencias LGTBIfóbicas y la creación de espacios seguros para adolescentes forman parte de una misma estrategia: conseguir que la próxima generación no tenga que aprender a respetar al otro después de una agresión.

Benialí deja así una imagen contradictoria. Por un lado, una noche de fiesta atravesada por insultos y una denuncia por violencia homófoba. Por otro, una comunidad que salió a la calle para decir que eso no la representa.

La conciencia social también se construye así: señalando el odio, acompañando a quien lo sufre y, sobre todo, educando para que no vuelva a ocurrir.

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Mariano Cardarelli
Mariano Cardarelli
Lic. En comunicación social , especialista en violencias de género.

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