Si estás leyendo esto con el estómago encogido, respira. No eres la primera persona a la que le pasa, no has hecho nada que merezca un castigo y tiene solución. Vamos a ordenarlo.
Te escribe alguien con quien hablabas, o una cuenta que acabas de conocer, o una expareja con la que creías haber cerrado bien la etapa. El mensaje es corto y frío: tienen tus fotos o un vídeo y, si no pagas, no vuelves o no mandas más, se los enseñan a tu familia, a tu trabajo o a tu lista de contactos.
Eso se llama sextorsión, y es un delito. Quien lo comete es quien chantajea, no quien envió una foto en un momento de confianza.
Como presidente de la Asociación Rainbow eSafe y perito informático, te digo lo que más veo: las primeras horas deciden mucho, y casi todo el daño llega por el pánico y por callarse, no por las fotos en sí. Hay una segunda cosa que veo todavía más: la prueba que se guarda mal o sin certificar se debilita justo cuando más la necesitas.
Antes de nada: esto no es culpa tuya
Mandar una imagen íntima a alguien en quien confías o con quien ligas es una forma más de intimidad. Lo que rompe esa confianza es el chantaje, no tu foto.
En nuestro colectivo hay un agravante: a muchas personas LGTBIQ+ nos amenazan además con sacarnos del armario ante la familia o en el trabajo. Es la amenaza que más paraliza, y quien extorsiona lo sabe. Ya hablé de esa presión en qué es el outing y qué consecuencias tiene, y de cómo se monta el engaño en las apps en sextorsión en apps de citas.
Un estudio de Thorn de 2025, con 1.200 jóvenes de 13 a 20 años en Estados Unidos, encontró que 1 de cada 5 había sufrido sextorsión. Entre quienes se identifican como LGTBIQ+, el 28% de las víctimas acabó haciéndose daño, casi el triple que entre sus iguales no LGTBIQ+, y Thorn lo vincula en parte a que tienen menos red de apoyo fuera de internet. Por eso lo primero que te pido es que se lo cuentes a alguien.
No siempre es un desconocido: los cuatro rostros de la sextorsión
Cuando se habla de este delito, casi siempre se imagina a una persona anónima, a menudo fuera de España, que te escribe por una app. Pasa mucho, sí. Pero no es lo único.
- Una cuenta desconocida o falsa, que te seduce, te pide fotos o vídeo y cambia el tono en cuestión de horas. El objetivo suele ser dinero.
- Un correo masivo que dice tener una grabación tuya por la webcam. Muchas veces es una plantilla enviada a miles de personas, sin nada real detrás.
- Una persona que conoces por internet o en persona, con quien llevas semanas o meses hablando. Aquí el chantaje puede ser de dinero, de más fotos, de un encuentro o de que no cortes la relación.
- Una expareja, una pareja actual o alguien de tu círculo. Es la que más duele y la que menos se denuncia.
Este último caso funciona distinto. No hace falta dinero: se usa el material para controlarte, castigarte por dejar la relación o forzarte a volver. Conoce a tu familia, tu trabajo, tus horarios y tus contactos, y por eso la amenaza es creíble. Es una forma más de la violencia que también existe dentro de nuestras relaciones, de la que hablé en qué es la violencia intragénero.
Hay un matiz importante: que tú hayas enviado esas fotos voluntariamente en su día no autoriza a nadie a difundirlas ni a usarlas para amenazarte. Una cosa es compartir una imagen con una persona y otra muy distinta que esa persona la use contra ti.
Y hay un riesgo que se pasa por alto: las cuentas compartidas. Si en algún momento compartiste la nube (iCloud, Google Fotos), una contraseña o un dispositivo con tu expareja, quizá todavía tenga acceso a lo que guardas. Por eso ciérralo cuanto antes (ver paso 7).
Qué hacer, en este orden
1. No pagues ni cedas
Es lo más difícil y lo más importante. Quien fue responsable del grupo de investigación en redes de la Policía Nacional explicaba ya en 2019, en elDiario.es, que pagar no suele cortar el chantaje: se empieza con una cifra baja y se vuelve a los pocos días pidiendo más. Es un dato antiguo, pero describe un patrón que seguimos viendo. Y con una expareja ocurre lo mismo con otra moneda: cada vez que cedes a una exigencia, llega otra.
2. Guarda las pruebas, pero no te quedes solo en la captura de pantalla
Antes de bloquear, recoge todo con calma:
- Capturas de pantalla de toda la conversación, con fecha y hora visibles.
- La dirección del perfil o el nombre de usuario exacto, y el enlace si lo hay.
- Los datos de pago que te pidan (cuenta, cartera de criptomonedas, Bizum).
- Los mensajes en el orden en que llegaron; no los borres.
La captura de pantalla es una buena primera prueba, pero es solo el primer paso. Una captura se puede cuestionar, porque cualquiera puede alegar que está editada, y no demuestra por sí sola de dónde viene el mensaje ni cuándo se envió. Por eso es importantísimo certificar las evidencias digitales: dejar constancia técnica de su autenticidad, de su origen y del momento en que se recogieron, de modo que no se puedan poner en duda cuando las presentes en una denuncia o en un procedimiento.
Esta es justo una parte de nuestro trabajo. En la Asociación Rainbow eSafe contamos con herramientas para certificar la autenticidad de las evidencias digitales, y por eso insistimos: antes de borrar, bloquear o cambiar nada, escríbenos. Cuanto antes se asegure la prueba, más fuerte llega.
3. Corta el contacto y bloquea
Cuando la prueba esté asegurada, deja de responder, bloquea y denuncia el perfil dentro de la plataforma. Es lo que recomienda INCIBE, el instituto de ciberseguridad del Estado, en sus casos reales de sextorsión: cortar la comunicación, bloquear, denunciar el perfil y no ceder aunque sigan las amenazas.
Si la persona es alguien que conoces, evita discutir o confrontarla por mensaje. Cada respuesta tuya puede convertirse en un nuevo motivo para amenazarte, o darle ocasión de borrar o manipular lo que escribió.
4. Denuncia ante la Policía Nacional o la Guardia Civil
Es un delito y se denuncia. Lleva las pruebas y, si ya las tienes certificadas, mejor. Sé que da vergüenza y que parece que vas a tener que enseñar las fotos; en la práctica, lo que importa es la prueba del chantaje, no el contenido.
Si el chantaje viene de una pareja o expareja, cuéntalo expresamente al denunciar: puede cambiar cómo se valora el caso y qué medidas de protección se pueden valorar. Para eso conviene que te asesore alguien que conozca la normativa, como una persona de abogacía.
Si ya te han cobrado dinero, llévale a tu banco una copia de la denuncia y reclama. En algunos casos se puede intentar recuperar el importe.
5. Pide que retiren el contenido si ya se ha publicado
Hay dos herramientas gratuitas que conviene conocer:
- Canal Prioritario de la AEPD (Agencia Española de Protección de Datos): sirve para pedir la retirada de fotos, vídeos o audios sexuales publicados sin consentimiento. Lo puede usar la persona afectada o alguien que conozca el contenido, se rellena en su sede electrónica y la AEPD lo analiza con prioridad. Si ve indicios de delito, avisa a la Fiscalía. Ojo: no puede ordenar retirar nada de WhatsApp, Telegram o correo electrónico, solo de sitios y perfiles públicos, y está pensado para quien vive en España.
- StopNCII.org: herramienta gratuita para personas adultas. Creas una huella digital (un hash) de tus imágenes en tu propio dispositivo, sin subirlas a ningún sitio, y las plataformas adheridas, como Facebook e Instagram, usan esa huella para detectarlas y bloquearlas. No sirve para menores de 18 años.
Si quien está en peligro es una persona menor de edad, no esperes: denuncia directamente a la Policía o a la Guardia Civil.
6. Cuéntaselo a alguien de confianza
Puede ser una amistad, una hermana, una pareja actual, una persona de tu asociación LGTBIQ+ de referencia. Quien chantajea necesita que te calles para que el miedo funcione. Cuando lo cuentas, pierde gran parte del poder.
Y si no sabes por dónde empezar, puedes llamar al 017, la Línea de Ayuda en Ciberseguridad de INCIBE: es gratuita, confidencial y atiende todos los días del año de 8:00 a 23:00.
7. Revisa tu rastro y cierra accesos
- Cambia las contraseñas de las cuentas implicadas y activa la verificación en dos pasos.
- Revisa qué dispositivos y qué personas tienen acceso a tu nube, a tu correo y a tus redes, sobre todo si hubo una relación.
- Ajusta la privacidad de tus perfiles: quién ve tus contactos y tus publicaciones.
- Busca tu nombre y tus fotos de vez en cuando en un buscador (lo que INCIBE llama egosurfing) para saber si algo ha salido a la luz.
«Pero y si tienen mis fotos de verdad»
Es la duda que más se repite, y la respuesta honesta tiene dos partes.
La primera: hay mucha estafa de plantilla. Los correos masivos que dicen tener una grabación tuya por la webcam suelen no tener nada. No contestes, no hagas clic en ningún enlace y no pagues.
La segunda: aunque tengan algo real, el patrón es el mismo. Pagar o ceder no te protege, y denunciar con pruebas bien aseguradas sí te da herramientas. Cada hora que pasa sin actuar juega a favor de quien chantajea.
También conviene saber que hoy el material no tiene por qué ser real. Thorn recogió que un 13% de las víctimas de su estudio de 2025 fue amenazado con un desnudo falso generado con IA. Si te pasa, la prueba de que la imagen es falsa también hay que certificarla.
El contraargumento que hay que reconocer
Hay quien dice que denunciar no sirve de nada porque casi nunca se encuentra a quien está detrás, muchas veces fuera de España. Es verdad que perseguir a estas redes es difícil. Pero denunciar no es solo para que atrapen a alguien: es lo que te permite pedir retirada de contenido, reclamar a tu banco y dejar constancia por si el chantaje continúa. Y cuando es una expareja o alguien conocido, la identificación suele ser mucho más sencilla, siempre que las pruebas estén bien aseguradas.
También hay que decirlo claro: seguimos sin saber cuánta sextorsión hay en España. Interior publicó en julio de 2026 que en 2025 se registraron 488.426 ciberdelitos (un 5,1% más que el año anterior) y que los delitos sexuales subieron un 21%, pero esa nota no desglosa la sextorsión. Y hace años que la policía calcula que buena parte de estos casos ni se denuncia, por vergüenza. Ese silencio es justo el terreno donde se mueve quien extorsiona.
Lo que más te pido
Si te está pasando ahora mismo: no pagues, asegura las pruebas, certifícalas, bloquea, denuncia y cuéntaselo a alguien. En ese orden.
Si necesitas que te acompañemos, en la Asociación Rainbow eSafe estamos para ayudarte, y no te vamos a juzgar. Podemos ayudarte a certificar la autenticidad de tus evidencias digitales antes de denunciar. Escríbenos en rainbowesafe.com/contacto.





