- Según los datos de FELGTBI+ que cita Pablo Campos, más de la mitad de las personas LGTBI+ ha vivido algún acto de odio en el último año, y el acoso en redes casi se ha duplicado desde 2024.
- El presidente de Rainbow eSafe advierte de que lo digital y lo físico ya no van por separado: muchas agresiones empiezan con un insulto en redes y terminan con alguien que sabe dónde vive o trabaja la víctima.
- Campos reclama tomarse en serio la prueba digital, reforzar la formación de fiscalía y policía, y avanzar hacia un Pacto de Estado contra los discursos de odio.
La violencia digital LGTBI+ no deja de crecer, y las cifras lo confirman: el acoso en redes casi se ha duplicado desde 2024. Hablamos con Pablo Campos, presidente de la Asociación Rainbow eSafe y perito informático, sobre cómo ha cambiado el odio online en estos años, por qué siguen fallando las plataformas y las instituciones, y qué puede hacer alguien que está sufriendo acoso digital ahora mismo.
Campos fundó Rainbow eSafe —sobre la que ya hemos hablado en Revista Rainbow al repasar su nacimiento y el lanzamiento de su Barómetro Rainbow Digital— precisamente porque, según explica, hacía falta un espacio especializado solo en la violencia digital que sufre el colectivo. Esta es la conversación completa.
¿Cómo ves el panorama comparado con cuando empezaste?
Cuando empecé, allá por 2016, mucha gente todavía pensaba que lo que pasaba en internet «no era real». Que te insultaran en redes o te difundieran una foto era algo que tenías que aguantar. Hoy eso ha cambiado en parte: hay más conciencia y más herramientas legales. Pero la violencia también ha cambiado. Es más rápida, está más organizada y llega a más gente. Antes hablábamos de un acosador concreto. Ahora hablamos también de campañas, de grupos que señalan a una persona y se lanzan contra ella. Por eso decidimos crear Rainbow eSafe: hacía falta un espacio especializado solo en la violencia digital que sufre el colectivo.
¿Qué parte del aumento se da en el entorno digital?
Los datos de FELGTBI+ lo dejan bastante claro: más de la mitad del colectivo ha vivido algún acto de odio en el último año, y cuatro de cada diez han sufrido acoso en redes sociales. Además, el acoso casi se ha duplicado desde 2024. Y ojo, porque lo digital y lo físico ya no van por separado. Muchas veces empieza con un insulto en redes, sigue con amenazas por mensajería y acaba con alguien que sabe dónde vives o dónde trabajas. Lo que más nos llega: acoso continuado, amenazas, difusión de imágenes íntimas sin consentimiento, outing (sacar a alguien del armario públicamente) y suplantación de identidad, sobre todo en apps de citas.
¿Qué peso tienen los discursos de odio organizados?
Mucho, y es lo que más me preocupa. El acoso puntual hace daño, pero el odio organizado crea clima. Cuando hay cuentas con muchísimos seguidores que deshumanizan al colectivo, sobre todo a las personas trans, se da permiso a otros para atacar. Hay algo que se repite mucho: alguien señala a una persona y, en cuestión de horas, recibe cientos de mensajes. Eso no es casualidad. El discurso de odio es la antesala de la agresión, y lo estamos viendo en los datos.
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¿Hacen lo suficiente las plataformas? ¿Dónde está el fallo?
No, no lo hacen. El principal fallo es que reaccionan tarde y mal. Denuncias un contenido y te responden que «no infringe las normas», o lo retiran cuando el daño ya está hecho. La moderación automática no entiende el contexto ni el lenguaje del odio que se disfraza de «opinión». Y además, las propias plataformas ganan con la polémica: el contenido que genera rabia circula más. En Europa ya tenemos el Reglamento de Servicios Digitales, que obliga a las grandes plataformas a responder. Ahora toca exigir que se cumpla de verdad y no se quede en el papel.
¿Está a la altura la respuesta institucional?
El Código Penal ya recoge el acoso, la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento, el discurso de odio y la agravante por motivos LGTBIfóbicos. Es decir, la ley existe. El problema está en aplicarla. Faltan recursos, falta formación especializada y los procesos son lentos. Y cuando una víctima va a denunciar y nadie entiende lo que le está pasando, o le dicen «pues cierra la cuenta», no vuelve. Por eso la infradenuncia sigue siendo enorme. Hay profesionales muy comprometidos en fiscalía y policía, pero no puede depender de tener suerte con quién te atiende.
¿Qué hacéis cuando alguien llega pidiendo ayuda?
Lo primero es escuchar y tranquilizar. La persona llega asustada y muchas veces con culpa, y lo primero que tiene que saber es que no ha hecho nada malo. Después, conservar las pruebas: capturas, enlaces, fechas, perfiles. Esto es clave, y muchas víctimas borran todo por miedo o por vergüenza. Ahí entra mi experiencia como perito informático: sabemos cómo recoger esas evidencias para que sirvan ante un juzgado. Y a partir de ahí, acompañamos: cómo proteger sus cuentas, cómo denunciar en la plataforma, y si quiere, cómo dar el paso de denunciar formalmente.
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¿Qué es lo que de verdad falta?
Voy a decir algo que no se dice mucho: falta tomarse en serio la prueba digital. Puedes tener la mejor ley del mundo, pero si las evidencias no se recogen bien, el caso se cae. Y la mayoría de víctimas no sabe cómo hacerlo, y muchos profesionales tampoco. Luego, claro, faltan recursos y falta voluntad política para un Pacto de Estado contra los discursos de odio. Pero también falta algo más incómodo: que la sociedad deje de ver el acoso en redes como algo menor. No es «cosa de internet». Es violencia, y destroza vidas.
¿Qué le dirías a alguien que está sufriendo acoso ahora mismo?
Que no está solo ni sola. Que lo que le está pasando es violencia y tiene nombre. Que no borre nada: que haga capturas, guarde enlaces y apunte fechas. Que no responda al acosador. Y que pida ayuda, a nosotros en Rainbow eSafe, a una entidad LGTBIQ+ de confianza o a alguien cercano. Y si se siente en peligro, que llame al 112 sin dudarlo. Pedir ayuda no es exagerar.
¿Cuál es la prioridad para los próximos meses?
Llegar a más gente. Queremos que cualquier persona del colectivo sepa que existe un lugar especializado al que acudir. Para eso estamos con varias líneas: la formación para profesionales, nuestros manuales de autodefensa digital, la red de Espacios Safe en Barcelona y el Barómetro Rainbow. Este último es especialmente importante, porque mide dos cosas a la vez: cuánta violencia digital sufre el colectivo y cuánto conoce sus derechos y las herramientas para defenderse. Esa segunda parte casi nadie la está midiendo, y es clave para saber dónde actuar.
¿Algo que quieras añadir?
Sí, una cosa. Cuando hablamos de violencia digital solemos pensar en las redes, pero no podemos olvidar quién la sufre más: las personas trans, la gente joven, las personas que viven en pueblos pequeños y quienes tienen menos recursos. A todas ellas les cuesta más pedir ayuda. Nuestro trabajo tiene que llegar justo ahí. Y a quien nos lea, le pediría algo sencillo: si ves que están atacando a alguien en redes, no te quedes callado. Un mensaje de apoyo puede cambiarle el día a esa persona.
Pablo Campos cierra la conversación con el mismo mensaje con el que la abre: la violencia digital no es «cosa de internet», es violencia con todas las letras, y la respuesta —legal, institucional y social— todavía no está a su altura. Mientras eso cambia, desde Rainbow eSafe insisten en una idea muy concreta: conservar las pruebas, pedir ayuda y no quedarse en silencio ante el odio, ni como víctima ni como testigo. Quien quiera dar el primer paso puede encontrar los cursos gratuitos de autodefensa digital de la asociación en SafeNet LGTBI+.




