[gtranslate]

miércoles, febrero 11, 2026

Cuando la discriminación se duplica: discapacidad y orientación sexual

📝 Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva de quien lo firma y no reflejan necesariamente la postura de Revista Rainbow. Asimismo, Revista Rainbow no se hace responsable del contenido de las imágenes o materiales gráficos aportados por les autores, colaboradores o colaboradoras.

Publicidad

Hay discriminaciones que no se suman: se multiplican. No es una metáfora. Es una experiencia cotidiana para muchas personas LGTBIQ+ con discapacidad que viven en la intersección de dos sistemas que excluyen, infantilizan o directamente borran. Cuando hablamos de doble discriminación no estamos señalando un matiz; estamos nombrando una estructura que falla, una y otra vez, a quienes ya parten con menos margen.

La intersección que incomoda (y por eso se ignora)

Durante años, el activismo ha avanzado por carriles paralelos. El movimiento por los derechos de las personas con discapacidad, por un lado. La lucha LGTBIQ+, por otro. ¿Qué ocurre cuando una persona pertenece a ambos espacios? Ocurre el silencio. Ocurre que no encaja del todo en ninguno. Ocurre que se la mira como excepción, como caso raro, como “tema complejo” que se pospone.

La interseccionalidad no es una palabra de moda: es una herramienta para entender realidades complejas. Y aquí la complejidad incomoda porque obliga a revisar privilegios dentro de nuestros propios movimientos. ¿Cuántos espacios LGTBIQ+ son realmente accesibles? ¿Cuántas campañas hablan de deseo, placer y autonomía sin caer en la infantilización cuando aparece la discapacidad?

Publicidad

salir del armario con discapacidad

Sexualidad negada, deseo vigilado

Existe un prejuicio persistente y dañino: que las personas con discapacidad no tienen sexualidad. O peor, que no deberían tenerla. Si además son LGTBIQ+, el estigma se duplica. Se cuestiona su capacidad de decidir, de consentir, de amar. Se vigilan sus cuerpos y sus afectos con una intensidad que no se aplica al resto.

En consultas médicas, en centros educativos, en residencias, en familias bienintencionadas. El mensaje se repite: “no es el momento”, “no es necesario”, “no es apropiado”. ¿Para quién? ¿Quién decide qué cuerpos son dignos de deseo y cuáles deben permanecer neutros, asexuados, silenciosos?

La negación de la sexualidad es una forma de violencia. También lo es la falta de educación sexual accesible, diversa y adaptada. Sin información no hay autonomía. Sin autonomía no hay derechos reales.

- Advertisement -

Doble armario, doble cansancio

Salir del armario no es un acto único. Para muchas personas es un proceso continuo. Quienes viven con discapacidad lo saben bien: hay un armario para la orientación sexual o identidad de género y otro para la discapacidad. A veces se sale de uno para esconderse en el otro.

En entornos LGTBIQ+, se teme ser visto solo como “la persona con discapacidad”. En espacios de discapacidad, se evita hablar de diversidad sexual por miedo al rechazo. Este vaivén constante desgasta. Cansa. Aísla.

¿Quién sostiene a quienes viven siempre explicándose? ¿Quién escucha cuando el cansancio no es solo físico, sino estructural?

- Advertisement -

Violencias específicas, respuestas genéricas

La violencia no se presenta igual para todo el mundo. Las personas LGTBIQ+ con discapacidad enfrentan mayores tasas de acoso, abuso y violencia sexual. Y, sin embargo, los recursos de atención rara vez están preparados para atender esta realidad.

Faltan intérpretes, lectura fácil, profesionales formados en diversidad sexual y de género, protocolos que contemplen la intersección. Sobran formularios inaccesibles, prejuicios, miradas condescendientes. Sobran excusas.

Hablar de doble discriminación sin dotar de recursos específicos es quedarse a medias. Y a medias no se protege a nadie.

Representación: estar no es lo mismo que ser visibles

La representación importa, pero no cualquier representación. No basta con aparecer de fondo en una campaña o en una foto de archivo. Hace falta protagonismo, relato propio, diversidad real de cuerpos, capacidades y deseos.

Necesitamos referentes LGTBIQ+ con discapacidad que no estén ahí para inspirar lástima ni heroísmo, sino para existir. Para amar. Para equivocarse. Para tener una vida compleja y completa.

Cuando no te ves, dudas de tu lugar en el mundo. Y cuando dudas demasiado tiempo, el mundo termina convenciéndote de que no te pertenece.

¿Qué nos toca revisar como comunidad?

Este no es un artículo para señalar con el dedo hacia fuera. Es una invitación —incómoda, sí— a mirar hacia dentro.

  • ¿Nuestros eventos son accesibles o solo “intentan serlo”?
  • ¿Nuestro lenguaje incluye de verdad o solo en el papel?
  • ¿Escuchamos a las personas LGTBIQ+ con discapacidad o hablamos por ellas?
  • ¿Estamos dispuestas a ceder espacio, foco y poder?

La inclusión no es estética. Es política. Y exige renuncias.

No es un añadido: es una prioridad

La doble discriminación no puede seguir siendo un tema secundario, un apartado pequeño en informes extensos, una nota al pie en el activismo. Es una realidad urgente que atraviesa vidas concretas, aquí y ahora.

Defender los derechos LGTBIQ+ sin incluir a las personas con discapacidad es construir una igualdad a medias. Y las igualdades a medias siempre dejan a alguien fuera.

La pregunta no es si estamos preparadas para este debate. La pregunta es: ¿cuánto daño más estamos dispuestas a normalizar mientras miramos hacia otro lado?

Publicidad
Publicidad

Top 5 Esta Semana

Post relacionados

Publicidad
Publicidad
Pablo Campos
Pablo Campos
Director de Marketing Revista Rainbow. Especialista en Estrategias de Marketing Digital y Técnicas de Inbound Marketing. Vicepresidente de Stop Violencia Digital. Perito Informático por ANTPJI.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Novedades