- Gran Gràcia es el primer centro que recibe el distintivo catalán para residencias inclusivas con las personas LGTBI.
- La residencia ha adaptado espacios, modificado su reglamento interno y creado una comisión de igualdad.
- La Generalitat quiere extender el reconocimiento a todas las residencias públicas que gestiona en Cataluña.
La residencia LGTBI inclusiva Gran Gràcia recibió el 25 de agosto en Barcelona el primer distintivo de la Generalitat para centros residenciales que garantizan los derechos y la seguridad del colectivo. La acreditación reconoce cambios concretos en la intimidad, las normas internas, la formación profesional y la organización del centro.
Un distintivo que llega a la vida cotidiana
El reconocimiento denominado “Residencias Inclusivas con el Colectivo LGTBI” no se presentó como un gesto meramente simbólico. Según la información difundida tras el acto, Gran Gràcia ha introducido medidas que afectan directamente a la experiencia diaria de quienes viven y trabajan en el centro.
La residencia ha adaptado espacios para garantizar la intimidad de las parejas, ha modificado su reglamento de régimen interno y ha creado una comisión de igualdad. Son decisiones que trasladan la inclusión desde las declaraciones generales hasta las reglas, los espacios y los procedimientos que ordenan la convivencia.
El acto contó con la consellera de Igualdad y Feminismo, Eva Menor; el conseller de Derechos Sociales e Inclusión, Raúl Moreno; responsables del centro y personas vinculadas a su comunidad. La Generalitat explicó que el distintivo se dirige a residencias capaces de garantizar derechos y crear espacios seguros para las personas LGTBI.
Menor situó la medida en una perspectiva de ciclo vital. Defendió el despliegue de políticas LGTBI en las residencias como una cuestión de derechos humanos que debe mantenerse durante toda la vida. También recordó que muchas personas mayores llegan a esta etapa después de décadas marcadas por la discriminación y la invisibilización.
Intimidad, seguridad y libertad para no ocultarse
El diálogo celebrado durante la entrega permitió conocer cómo se materializan los cambios. Participaron Maite Frías, directora de Gran Gràcia; Albert Fàbregas, trabajador del centro y referente del proyecto, y Carme Corominas, usuaria lesbiana de la residencia y enfermera jubilada.
Fàbregas explicó que el propósito es que el ingreso sea lo más seguro posible y que la sexualidad continúe formando parte natural de la vida de las personas mayores. Esa idea cuestiona la frecuente invisibilización de la afectividad y la intimidad en la vejez, especialmente cuando se trata de residentes LGTBI.
Corominas aportó el testimonio más directo sobre el efecto del modelo: afirmó sentirse segura y no tener que esconder su orientación. Su experiencia ofrece una medida concreta del valor de las reformas. Una norma inclusiva importa cuando permite vivir sin ocultamiento en el propio hogar, también cuando ese hogar es una residencia.
La creación de una comisión de igualdad añade una estructura estable para revisar prácticas y responder a necesidades. La modificación del reglamento interno, por su parte, incorpora la protección a la organización formal del centro. La adaptación de espacios reconoce que la intimidad de las parejas no desaparece con la edad ni debe depender de su orientación sexual.
Más de 2.600 profesionales formados en Cataluña
El conseller Raúl Moreno agradeció el trabajo de los más de 2.600 profesionales que se han formado en Cataluña en diversidad LGTBI. La cifra sitúa el distintivo dentro de un proceso de capacitación que supera a un único centro y que busca modificar la atención residencial de manera más amplia.
Moreno señaló que la intención del Govern es que cualquier persona pueda expresarse, sentir y enamorarse con libertad. También avanzó un objetivo para los próximos años: extender el distintivo a todas las residencias públicas gestionadas por la Generalitat.
Ese anuncio convierte la experiencia de Gran Gràcia en un primer modelo y no en una excepción aislada. El desafío será traducir el propósito institucional en cambios verificables en cada centro: formación, protocolos, espacios, normas y mecanismos de seguimiento.
La noticia resulta especialmente relevante porque coloca la diversidad sexual y de género en un ámbito que suele recibir menos atención pública. El envejecimiento LGTBI plantea necesidades específicas relacionadas con la memoria de la discriminación, la posibilidad de expresar afectos, el reconocimiento de las parejas y el temor a volver a ocultarse al entrar en un entorno residencial.
Un primer paso que deberá medirse
Gran Gràcia abre una vía concreta para evaluar la inclusión. El distintivo permite preguntar qué requisitos debe cumplir un centro, qué formación recibe su personal, cómo protege la intimidad y qué cauces ofrece ante una situación discriminatoria.
La Generalitat ha vinculado el reconocimiento a la garantía de derechos y a la creación de espacios seguros. Para que el modelo conserve credibilidad, su extensión deberá mantener esos criterios y comprobar su aplicación cotidiana. La novedad no está solo en colocar una placa, sino en definir una forma de atención que reconozca la diversidad de quienes envejecen.
El primer distintivo llega con tres transformaciones ya identificables: espacios adaptados, reglamento revisado y comisión de igualdad. A ellas se suma la formación de miles de profesionales y el compromiso público de ampliar el sistema. Son elementos suficientes para considerar la entrega un cambio de política residencial con potencial para crecer.





