A nadie le explican cómo configurar la privacidad de Grindr antes de usarlo por primera vez. Nadie te sienta a hablar de geolocalización, de capturas de pantalla o de qué hacer si alguien te amenaza con difundir una foto tuya, del mismo modo que sí te hablan —con más o menos acierto— de usar preservativo. Llevo años trabajando en violencia digital y viendo el mismo patrón: aprendemos a protegernos en estas apps a base de que algo malo nos pase primero. Y creo que eso no es casualidad, es una omisión que tiene consecuencias reales.
Un vacío que no es solo mío percibirlo
No hace falta que me crean solo a mí. La propia Agencia Española de Protección de Datos ha tenido que salir recientemente a advertir a los usuarios de Tinder sobre los riesgos de compartir datos personales y sobre fraudes como el «timo del amor». Que un organismo público tenga que emitir ese tipo de aviso, casi una década después de que estas apps se convirtieran en la forma más habitual de conocer gente en España, dice mucho de lo tarde que llega la conversación. La educación afectivo-sexual sigue centrada casi en exclusiva en el cuerpo y en el contacto físico, y deja fuera casi por completo la capa digital donde hoy empiezan la mayoría de esos encuentros.
En nuestro colectivo, además, ese vacío pesa más. Grindr introdujo en 2025 mejoras reales —ocultar la ubicación, cifrado reforzado de mensajes—, pero sigue existiendo un riesgo que la mayoría de usuarios no conoce hasta que es tarde: en países donde ser LGTBIQ+ todavía es perseguido, la geolocalización mal configurada ha puesto en peligro real a personas usuarias, y ha habido casos de filtraciones que expusieron ubicación e identidad. A eso se suma que muchos perfiles incluyen información sensible, como el estado serológico frente al VIH, que puede acabar usándose sin consentimiento si esa cuenta es hackeada o esos datos se filtran. La asociación de consumidores de Noruega llegó a denunciar que Grindr compartía cantidades significativas de información privada con anunciantes sin consentimiento explícito, y el Wall Street Journal documentó que datos de localización de millones de usuarios de la app estuvieron expuestos a terceros entre 2017 y 2020.
Las herramientas existen, pero están escondidas
Lo más frustrante de este vacío es que no hablamos de tecnología inexistente. Limitar la precisión de la geolocalización, desactivar la función que muestra a otros lo lejos que estás, verificar el perfil de la otra persona, mantener las conversaciones dentro de la app en lugar de saltar a otro canal demasiado rápido: son ajustes que ya están ahí, en el menú de privacidad, esperando a que alguien los active. El problema no es que falte tecnología de protección, es que nadie te dice que existe hasta que ya la necesitas.
El contraargumento que hay que reconocer
Alguien podría decirme que esta información sí circula: hay artículos de ciberseguridad, avisos de la AEPD, guías de ONG. Es verdad, existen, y hay que reconocerlo. Pero circulan como contenido que hay que buscar activamente, no como algo que se enseña de forma sistemática antes de que alguien empiece a usar estas apps —igual que sí ocurre, aunque de forma imperfecta, con la salud sexual. Nadie descubre las opciones de privacidad de Grindr en una charla en el instituto o en una consulta médica. Las descubre, en el mejor de los casos, buscando en Google después de un susto, y en el peor, después de haber sido víctima de un chantaje, una filtración o una exposición no deseada.
Lo que de verdad haría falta
No pido que se demonice Tinder ni Grindr: han cambiado, para bien, la forma en que millones de personas LGTBIQ+ se conocen, ligan y encuentran comunidad, algo que antes costaba muchísimo más. Pido que dejemos de tratar la seguridad digital como un tema aparte, opcional, que cada cual investiga por su cuenta si tiene suerte. La protección en estas apps debería explicarse con la misma naturalidad con la que hablamos de cualquier otro cuidado: qué configurar antes de empezar a usarlas, qué señales de alerta reconocer, y a quién acudir si algo se tuerce. Desde Rainbow E Safe llevamos tiempo insistiendo en esto, y no vamos a dejar de hacerlo: la prevención que no llega a tiempo, no protege.





