La gestión del tiempo libre dentro de la comunidad lgtbiq+ está viviendo un cambio estructural sin precedentes, y esta Fabri Orlandi, fundador de Orlander que profundiza en los motivos de este fenómeno social. El creador del proyecto Orlander ha logrado consolidar una red humana que ya agrupa a más de 1.500 personas en las principales ciudades españolas. Frente a los modelos tradicionales de socialización asociados de forma sistemática al consumo y los entornos nocturnos, esta plataforma propone una alternativa fundamentada en el crecimiento personal, la actividad deportiva y el contacto directo con la naturaleza.
A lo largo de esta entrevista, el líder de Orlander desgrana con total claridad los retos emocionales y comunitarios que afrontan los hombres gais ante la actual crisis de soledad digital. Para Orlandi, las aplicaciones de citas ofrecen una validación inmediata pero aíslan al individuo de su entorno real. A través de una metodología basada en el bienestar integral y la presencia física sin pantallas de por medio, el fundador detalla cómo es posible construir vínculos sanos, adultos y libres de las armaduras del postureo. A continuación, compartimos la conversación íntegra con un activista del bienestar que ha demostrado que la vulnerabilidad y el cuidado mutuo son las herramientas más potentes para transformar el tejido social de nuestro colectivo.
Revista Rainbow: Fabri, Orlander ha pasado de ser una idea a una comunidad con más de 1.500 personas. Si tuvieras que mirar atrás, ¿cuál fue ese momento exacto o esa necesidad personal que te empujó a crear un espacio de ocio tan diferente a lo que existía?
La verdad es que lo monté porque lo necesitaba yo. Durante años mi vida social como hombre gay giró alrededor de lo de siempre: salir, las apps, el gimnasio. Tenía la agenda llena de contactos y casi ningún vínculo de verdad.
El momento exacto fue una noche tonta, rodeado de gente, sintiéndome solo. Ahí me di cuenta de que eso no me pasaba solo a mí. Empecé juntando a unos cuantos para hacer algo distinto, sin más pretensión que vernos a la luz del día. Lo demás vino después.

Revista Rainbow: Históricamente, el ocio LGTBIQ+ ha estado muy ligado a la noche y al consumo. Orlander apuesta por retiros, naturaleza y “presencia”. ¿Crees que la comunidad estaba huérfana de este tipo de espacios de conexión más pausada y consciente?
Sí, bastante. Y ojo, no tengo nada en contra de la noche, a mí me ha dado momentos buenísimos y tiene su sitio. El problema es que durante mucho tiempo era casi lo único.
Faltaba el día siguiente. Faltaba un sitio donde conocerte sin alcohol de por medio, sin estar actuando, sin que todo fuera ligar o aparentar. Conozco a muchos tíos que llegan a los 35 o los 40 y sienten que el único “hogar” que les ofrecen sigue siendo la discoteca. Orlander nace un poco como respuesta a eso.
Revista Rainbow: Empezasteis muy enfocados al deporte y el entrenamiento, pero ahora Orlander incluye coaching, nutrición, rutas culturales y hasta excursiones por el Camino de Santiago. ¿Es esta evolución una respuesta a lo que los chicos te piden o es tu visión personal de lo que significa un ‘bienestar integral’?
Las dos cosas, te soy sincero. Arranqué por el cuerpo y el entrenamiento porque es de donde yo vengo y porque es una puerta de entrada fácil, todo el mundo entiende eso de “vamos a entrenar juntos”.
Pero el cuerpo es solo la puerta. Para mí el bienestar son ocho patas: autoestima, vínculos, cuerpo, sexualidad, propósito, ocio, comunidad y espiritualidad. Y a ese mapa completo no llegué yo solo en una pizarra. Me fueron llevando ellos, con lo que contaban en los retiros, con lo que les dolía. Yo lo único que hice fue escuchar y poner forma.

Revista Rainbow: Uno de tus pilares es fomentar los vínculos sanos y adultos. En un mundo tan acelerado, ¿qué es para Fabri Orlandi un “vínculo sano” dentro del colectivo hoy en día?
Un vínculo sano es uno donde no tienes que fingir. Donde puedes aparecer cansado, inseguro, sin tu mejor versión, y seguir siendo bienvenido.
Entre hombres gays muchas veces hemos aprendido a competir y a seducir antes que a cuidarnos. Un vínculo sano es justo lo contrario de eso. Es poder decirle a otro tío “lo estoy pasando mal” sin miedo a que te vea menos. Parece sencillo, pero cuesta, y cuando ocurre cambia bastante las cosas.
Revista Rainbow: Parece una contradicción: estamos más conectados que nunca por apps, pero hay mucha soledad. ¿Cómo logra Orlander romper esa barrera digital para que la gente se atreva a conocerse de verdad, cara a cara?
Esto lo medimos, no es una intuición mía. Hicimos un estudio con cerca de 300 hombres del colectivo y el 73% dijo que no siente que pertenezca a una comunidad. Ese dato me dejó tocado. Las apps te dan cuerpos y validación inmediata, pero no te dan pertenencia.
¿Cómo lo rompemos? Quitándole el protagonismo al móvil. En un retiro, en una ruta, en una cena compartida, el teléfono deja de ser el centro y la gente se relaja. No hace falta un método raro. La presencia hace casi todo el trabajo sola. Cuando pones a la gente en el mismo sitio el tiempo suficiente, sin pantalla de por medio, conectar pasa solo.

Revista Rainbow: Tus retiros no son solo vacaciones; hay un trasfondo de crecimiento personal. ¿Qué es lo que más te agradecen los chicos que pasan por una experiencia Orlander cuando regresan a su rutina?
Lo que más me dicen es que durante unos días no tuvieron que dar explicaciones. Pudieron ser ellos, sin armadura.
Hay quien me cuenta que se rió como no lo hacía en años. Otros vuelven con un amigo nuevo, que con la edad es de las cosas más difíciles de conseguir. Y muchos me dicen una frase que me encanta: “no sabía que esto me hacía falta”. Eso para mí vale más que cualquier valoración de cinco estrellas.
Revista Rainbow: Gestionar las expectativas y las emociones de tantas personas no debe ser fácil. ¿Cuál ha sido el mayor aprendizaje que te ha dado Orlander a ti, a nivel personal, como líder del proyecto?
Que no puedo con todo solo, y que mi bienestar también forma parte del proyecto. Durante una temporada cargué con demasiado y eso no es sostenible ni para mí ni para nadie.
He aprendido a delegar, a poner límites y a no confundir ayudar con rescatar. Y algo más: que la vulnerabilidad se contagia para bien. El día que yo aparezco de verdad, sin postureo de líder, el resto también se abre. Liderar esto no va de tenerlo todo controlado, va de ir el primero mostrándome humano.

Revista Rainbow: Barcelona y Madrid ya son territorio Orlander. ¿Hacia dónde se dirige el proyecto ahora? ¿Hay nuevas fronteras o nuevos formatos que estés deseando explorar?
Por un lado, nuevas experiencias: el Camino, los cruceros, las vacaciones, retiros en más sitios. Por otro, me hace mucha ilusión el trabajo con ayuntamientos e instituciones, porque significa sacar todo esto de lo privado y llevarlo a lo público, que una ciudad diga “esto también es para vosotros”.
Y mirando más lejos, abrirnos a toda la comunidad de habla hispana. Pero te confieso una cosa: mi sueño no es sumar ciudades en un mapa. Mi sueño es que ser un hombre gay de más de 30 deje de significar estar solo. El día que eso pase, habremos hecho bien el trabajo.






