El exjugador Mitch Brown ha hecho historia en la liga australiana de fútbol (AFL) al convertirse en el primer hombre, pasado o presente, en declararse abiertamente bisexual. Su anuncio no solo es un paso personal cargado de valentía, sino también una oportunidad para que el deporte repiense su relación con la diversidad y afronte con seriedad la homofobia que todavía persiste en sus estadios y vestuarios.
Darcy Moore, capitán del Collingwood y presidente de la Asociación de Jugadores, no dudó en calificar el gesto de Brown como “tremendamente valiente” y subrayó que su testimonio es un punto de inflexión:
“Hay mucho que aprender de la historia de Mitch, y que él la comparta nos brinda la oportunidad de cambiar la cultura y ver transformaciones reales en la industria”.
El contexto: homofobia aún presente en el juego
La declaración de Brown llega apenas días después de que Izak Rankine, estrella de Adelaide, fuese sancionade con cuatro partidos por utilizar un insulto homófobo. No es un hecho aislado: en los últimos años se han registrado varios episodios similares que evidencian la urgencia de un cambio profundo.
Moore, aunque defendió la necesidad de apoyar a todes les jugadores, fue claro en marcar los límites:
“Los insultos homófobos no tienen cabida en nuestro deporte. La línea está trazada, y es firme”.
Un llamado a la acción colectiva
La reflexión del presidente de la Asociación de Jugadores fue más allá de los gestos individuales. Según él, el reto ahora está en transformar el ecosistema de la AFL: implementar políticas, revisar prácticas y, sobre todo, garantizar que el fútbol sea un espacio seguro e inclusivo.
“Queremos ver acción, cambios de política, sistemas que realmente muevan la aguja cultural. Es responsabilidad de todes hacer que la industria sea más segura”, señaló.
Impacto en la comunidad LGTBIQ+ y en el deporte
La salida del armario de Brown no solo rompe un silencio histórico dentro de la AFL, sino que abre la puerta para que más jugadores se sientan libres de ser quienes son sin miedo al rechazo. Jack Crisp, compañero de Moore en Collingwood, lo expresó con claridad:
“Hasta ahora éramos el único deporte global sin un jugador abiertamente bisexual o gay. Lo que Mitch ha hecho es enorme y ayudará a que otras personas se sientan cómodas”.
Lo que está en juego no es únicamente la visibilidad de una persona, sino la transformación de un deporte que tiene millones de seguidores. ¿Será capaz la AFL de convertir este momento en una verdadera oportunidad de cambio? ¿Podrá pasar de los discursos a la acción concreta para garantizar un entorno libre de discriminación?