EROSKI ha activado un nuevo protocolo para que sus establecimientos funcionen como Puntos Refugio frente a la violencia de género y las agresiones hacia el colectivo LGTBIQ+. La medida se implantará en el País Vasco, Navarra, La Rioja y Cantabria, y alcanzará hipermercados, supermercados, plataformas logísticas y oficinas centrales.
La iniciativa transforma espacios cotidianos —lugares a los que acudimos a comprar pan, fruta o productos básicos— en entornos de acogida temporal para quienes se encuentren en situación de riesgo. Una decisión que conecta directamente con una pregunta clave: ¿pueden los espacios comerciales convertirse también en espacios de protección?
¿Cómo funcionará el protocolo?
El programa establece que cualquier persona que se sienta amenazada o vulnerable podrá acudir a una tienda EROSKI y solicitar ayuda. Allí encontrará:
- Un entorno seguro y tranquilo
- Atención basada en la escucha empática y el respeto
- Acompañamiento hacia los recursos o servicios que la persona desee activar
Es importante subrayar que las tiendas no sustituyen a los servicios de emergencia ni a las fuerzas de seguridad. Actúan como un primer espacio de acogida, priorizando siempre la seguridad tanto de la persona afectada como del personal del centro.
El protocolo interno incluye pautas claras para las personas trabajadoras: mantener la calma, escuchar sin juzgar, no invadir decisiones y respetar la autonomía de quien solicita ayuda. Porque acompañar no es decidir por le otre.
La dimensión social de la iniciativa
Desde la compañía, Marta Carazo, responsable de Gestión Social de EROSKI, ha explicado que la red de tiendas forma parte del día a día de miles de personas en barrios y pueblos. Convertir estos espacios en Puntos Refugio supone, según la entidad, una forma coherente de ejercer responsabilidad social y proximidad.
El planteamiento tiene una lógica territorial clara: en muchos municipios, especialmente en entornos rurales o semirrurales, los supermercados son uno de los pocos espacios abiertos y accesibles durante amplias franjas horarias. Esa capilaridad puede marcar la diferencia en situaciones urgentes.
Pero también abre una reflexión necesaria:
- ¿Hasta qué punto las empresas privadas deben implicarse activamente en la protección social?
- ¿Es esta una señal de corresponsabilidad comunitaria o una respuesta ante carencias estructurales?
Violencia y LGTBIQ+: una realidad persistente
El protocolo no solo contempla la violencia de género en sentido estricto, sino también agresiones hacia el colectivo LGTBIQ+. En un contexto en el que los delitos de odio siguen registrándose en distintas comunidades autónomas, ampliar la mirada resulta significativo.
La violencia contra personas LGTBIQ+ no siempre ocurre en espacios privados. Puede darse en la calle, en entornos laborales o en zonas comerciales. Que un establecimiento visible y cotidiano declare explícitamente su disposición a ofrecer refugio envía un mensaje simbólico: aquí no se tolera la violencia.
El impacto de este tipo de medidas no se mide únicamente por el número de intervenciones, sino también por el efecto disuasorio y la construcción de cultura comunitaria.
Empresa, compromiso y convivencia
EROSKI enmarca esta decisión dentro de su compromiso histórico con la igualdad, la convivencia y el respeto. Como cooperativa de consumo, su modelo empresarial tiene una dimensión social declarada, y esta iniciativa refuerza esa identidad.
Sin embargo, más allá del discurso corporativo, el verdadero alcance se evaluará en la práctica: formación continuada, coordinación con recursos públicos y seguimiento del protocolo.
Porque habilitar un Punto Refugio no es solo colocar un distintivo. Es sostener una red de confianza.
Y quizá esa sea la clave: convertir los espacios cotidianos en lugares donde nadie se sienta completamente solo.





