Hace unos días, la Fiscalía ha pedido casi 20 años de prisión para un joven acusado de usar perfiles falsos en Grindr para citar, agredir y robar a varios hombres homosexuales en El Ejido (Almería), según ha informado el diario La Voz de Almería el 6 de septiembre de 2026. No es un caso hipotético para justificar un artículo de opinión: es la prueba de hasta dónde puede llegar un perfil falso cuando nadie tiene forma sencilla de verificar con quién está hablando de verdad.
No es solo dinero lo que puede perderse
Cuando hablamos de perfiles falsos en apps de citas, la conversación suele quedarse en la estafa económica: el catfishing clásico, donde alguien construye una identidad completa con fotos robadas para generar confianza y, más adelante, pedir dinero o datos personales, según explica el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) en su guía sobre catfishing. Es un problema real y creciente: la Policía Nacional recibe más de 4.000 denuncias anuales por estafas amorosas por internet, e INCIBE registró más de 97.000 incidentes de este tipo en 2024, un 16,6% más que el año anterior, según datos recogidos por Asobana Abogados a partir de fuentes de INCIBE y Policía Nacional.
Pero el caso de El Ejido muestra algo distinto y, para nuestra comunidad, mucho más grave: según recoge el auto judicial citado por medios como El Debate y Revista SIX (medio LGTBI de Vocento), el acusado habría creado al menos tres perfiles falsos en Grindr con fotografías robadas de otras personas, concertaba citas con hombres homosexuales, y los llevaba hasta descampados donde otros miembros del grupo, encapuchados, los agredían con insultos homófobos y les robaban el móvil o la tarjeta bancaria. La Fiscalía atribuye al caso agravantes de abuso de superioridad y motivación discriminatoria por la orientación sexual de las víctimas, y ya se han presentado al menos tres denuncias formales por hechos ocurridos entre el 31 de diciembre de 2025 y el 23 de enero de 2026.
Aquí el perfil falso no busca enamorar ni estafar dinero por chat: busca usar la propia orientación sexual de la víctima como cebo. Y ese es precisamente el riesgo que menos se nombra cuando hablamos de «perfiles falsos»: no termina en una decepción o en una pérdida económica, puede terminar en una emboscada.
Por qué estas apps son terreno fértil para el perfil falso
No es casualidad que este tipo de fraude prospere especialmente en aplicaciones como Grindr o TheBlowers. Varios factores estructurales lo favorecen: encuentros que se acuerdan y concretan en minutos u horas, lo que deja poco margen para verificar con quién se está hablando de verdad; ausencia de un sistema de verificación obligatorio, que permite operar con fotos robadas sin comprobaciones; fotos efímeras y perfiles sin enlaces a redes sociales, que dificultan confirmar la identidad real de la otra persona, según detalla el análisis de Bonobology sobre catfishing en apps de citas. A esto se suma un patrón documentado específicamente en Grindr: el llamado «catfishing inverso», donde perfiles falsos intentan atraer a usuarios hacia sitios falsos de «protección LGBTQ+» que en realidad roban sus datos privados, según ha detectado la firma de ciberseguridad VeePN.
El contraargumento que hay que reconocer
Es justo decir que las apps no se han quedado de brazos cruzados: Tinder ofrece verificación con foto desde hace años, y Grindr ha reforzado el cifrado de mensajes y las opciones de privacidad en 2025. Existen también herramientas de búsqueda inversa de imágenes que cualquier persona puede usar para comprobar si una foto ya circula en otros perfiles o denuncias de estafa. Son avances reales. Pero, como ya hemos hablado de la protección digital en esta misma revista, la verificación por foto sigue siendo opcional, no obligatoria, y las herramientas de comprobación son igual de invisibles para el usuario medio que el resto de ajustes de privacidad: existen, pero nadie te dice que las necesitas hasta que ya es tarde.
Lo que de verdad haría falta
No pido que dejemos de usar estas apps ni que sospechemos de cada persona con la que hablamos: eso solo generaría más aislamiento, justo lo contrario de lo que buscamos como comunidad. Pido que la prevención frente a perfiles falsos deje de tratarse como un tema exclusivamente financiero y reconozca también su vertiente de violencia física y de odio, como el caso de El Ejido demuestra con crudeza. Eso significa enseñar a comprobar un perfil antes de quedar —búsqueda inversa de imagen, videollamada previa, quedar primero en un lugar público y concurrido—, y significa que las asociaciones y las propias apps trabajen juntas para que denunciar un perfil sospechoso sea tan fácil y tan tomado en serio como debería serlo desde el primer aviso.






