El alcalde mantiene su postura de limitar los edificios públicos a banderas oficiales
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ha reiterado que el Ayuntamiento no exhibirá la bandera LGTBI durante las celebraciones del Orgullo. Según ha defendido, su negativa no responde a la identidad del colectivo, sino a un criterio normativo: en los edificios públicos solo deben ondear banderas oficiales.
La declaración llega en un contexto político marcado por la reciente decisión judicial que inadmite la demanda presentada por Javier Ortega Smith, portavoz de Vox en el Consistorio, contra la colocación de enseñas LGTBI+ en el edificio de los grupos municipales de la calle Mayor.
“El Orgullo se hace como nunca”, sostiene Almeida.
Durante la inauguración del centro Discovery Center de Madrid in Game, Almeida aseguró que cuando llegó a la alcaldía se le acusó de querer “acabar con el Orgullo”, algo que, a su juicio, ha quedado desmentido por la magnitud actual de las celebraciones en la capital.
El alcalde considera que la polémica en torno a la bandera es “el clavo ardiendo” de la izquierda para cuestionar su gestión. En su intervención, defendió que el Ayuntamiento respeta el Orgullo y garantiza su celebración, pero mantiene una línea clara sobre los símbolos institucionales.
Aquí surge una cuestión que no es menor: ¿Puede una ciudad presumir de celebrar el Orgullo “como nunca” y, al mismo tiempo, evitar un gesto simbólico que para parte de la comunidad LGTBIQ+ representa respaldo institucional?
La resolución judicial y el pulso político
El juzgado ha inadmitido la demanda de Vox y, según Almeida, la resolución “exculpa completamente” al Ayuntamiento en lo relativo a la colocación de banderas por parte de los grupos municipales. Además, subrayó que se niega la legitimación activa de Vox para recurrir en este caso por la vía contencioso-administrativa.
El alcalde cuestionó si Ortega Smith explicará con el mismo énfasis esta decisión judicial que, según señaló, suele mostrar cuando existen sentencias contrarias al Consistorio.
El debate, sin embargo, trasciende la disputa jurídica. La conversación pública se centra en el significado político y social de los símbolos.
Símbolos, normativa y reconocimiento
La postura del Gobierno municipal se apoya en la interpretación de que solo las banderas oficiales —como la de España, la Comunidad de Madrid o la Unión Europea— deben ondear en edificios institucionales.
Pero la bandera LGTBIQ no es un símbolo partidista, sino una señal de reconocimiento y apoyo institucional. En ciudades de todo el mundo, su colocación durante el Orgullo se ha convertido en un gesto habitual.
Entonces, la pregunta permanece:
¿Es la bandera LGTBI un símbolo institucionalizable o un emblema social que debe quedarse fuera de los edificios públicos?
¿Dónde termina la neutralidad administrativa y dónde empieza la visibilización de derechos?
Más allá de la bandera
Madrid es una de las capitales europeas con mayor proyección internacional durante el Orgullo. El impacto cultural, económico y social es innegable. La discusión actual no gira en torno a la celebración en sí, sino al papel simbólico del Ayuntamiento.
En una sociedad cada vez más diversa, los gestos institucionales importan. A veces no cambian leyes. Pero sí transmiten mensajes.
La bandera ondee o no ondee en Cibeles, el debate seguiráAlmeida mantiene que no colocará la bandera LGTBI en el Ayuntamiento durante el Orgullo. ¿Normativa o falta de gesto institucional? El debate está servido. abierto. Y quizá lo importante no sea solo qué se decide, sino cómo se explica y a quién se escucha.




