La bandera LGTBIQ+ ya no ondea en el Monumento Nacional de Stonewall, en pleno Greenwich Village (Nueva York). La retirada, ejecutada por el Servicio de Parques Nacionales durante la madrugada, ha generado indignación y un profundo debate dentro y fuera de Estados Unidos. No hablamos solo de una tela multicolor. Hablamos de memoria, de derechos y de un símbolo que marcó un antes y un después en la historia contemporánea del colectivo LGTBIQ+.
Stonewall no es un parque cualquiera. Es el lugar donde, el 28 de junio de 1969, una redada policial contra el Stonewall Inn desencadenó una serie de protestas que dieron origen al movimiento moderno por los derechos LGTBIQ+. De ahí que cada 28 de junio celebremos el Día Internacional del Orgullo. Y por eso, cada gesto en ese espacio tiene una dimensión política y emocional difícil de ignorar.
¿Qué ha ocurrido exactamente?
La decisión se apoya en un memorándum emitido recientemente por el Servicio de Parques Nacionales que establece nuevas directrices sobre qué banderas pueden exhibirse en espacios federales. Según ese documento, únicamente se autoriza la bandera de Estados Unidos, la del Departamento del Interior y algunas excepciones de carácter histórico o indígena.
Paradójicamente, Stonewall es, precisamente, un lugar histórico. Fue designado Monumento Nacional en 2016 durante la presidencia de Barack Obama, reconociendo su papel clave en la lucha por los derechos civiles. Sin embargo, la bandera del Orgullo ha sido retirada bajo el argumento de uniformidad institucional.
¿Puede considerarse neutral una decisión que afecta directamente a la memoria de un colectivo? ¿Dónde termina la normativa administrativa y dónde empieza el borrado simbólico?
Reacciones políticas y movilización ciudadana
La respuesta no se ha hecho esperar. El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, ha expresado públicamente su indignación y ha recordado que la ciudad es cuna del movimiento LGTBIQ+ moderno. En la misma línea, el presidente del distrito de Manhattan, Brad Hoylman-Sigal, ha calificado la medida como un ataque deliberado contra la comunidad y ha anunciado que se instalará una nueva bandera, aunque ello pueda implicar confrontación institucional.
I am outraged by the removal of the Rainbow Pride Flag from Stonewall National Monument. New York is the birthplace of the modern LGBTQ+ rights movement, and no act of erasure will ever change, or silence, that history.
Our city has a duty not just to honor this legacy, but to…
— Mayor Zohran Kwame Mamdani (@NYCMayor) February 10, 2026
Además, un centenar de personas se concentró frente al monumento para protestar por la retirada. Una imagen que conecta directamente con el espíritu de resistencia que nació en ese mismo lugar hace más de medio siglo.
Porque Stonewall no es solo historia: es presente. Y también es advertencia.
Un contexto más amplio de retrocesos
Este episodio no es aislado. En febrero de 2025, el Gobierno ya había eliminado referencias explícitas a identidades trans y queer en la información oficial del monumento y en su página web. También en 2024 se cambió el nombre de un buque de la Armada que homenajeaba al activista Harvey Milk, figura clave en la lucha por los derechos LGTBIQ+.
Estas decisiones se enmarcan en una agenda política más amplia. Desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump, se han promovido órdenes ejecutivas y propuestas legislativas que restringen derechos y reconocimientos del colectivo. Entre ellas, una orden ejecutiva que reconoce únicamente dos géneros —masculino y femenino— en el ámbito federal.
Según datos recopilados por organizaciones de seguimiento legislativo, el número de iniciativas que afectan negativamente a los derechos LGTBIQ+ se ha multiplicado tanto a nivel federal como estatal.
El impacto en la vida cotidiana
Más allá del plano institucional, las consecuencias se perciben en la vida diaria. La Annual LGBTQ+ Community Survey elaborada por Human Rights Campaign indica que más de la mitad de las personas LGTBIQ+ en Estados Unidos han reducido su visibilidad en 2025 por miedo o inseguridad. Muchas han ocultado su orientación o identidad en espacios públicos, en el trabajo, en consultas médicas o incluso en entornos escolares.
Durante décadas, la visibilidad fue la herramienta más poderosa para avanzar en derechos. Ahora, ¿estamos ante un intento de retroceder hacia la invisibilidad forzada? ¿Qué ocurre cuando el símbolo que representa esa visibilidad desaparece del lugar que la vio nacer?
Stonewall como símbolo vivo
La retirada de la bandera no borra la historia. Pero sí lanza un mensaje. La pregunta es qué mensaje queremos que prevalezca.
Stonewall fue resistencia frente al abuso de poder. Fue comunidad frente a la violencia. Fue dignidad frente al silencio. Y hoy vuelve a recordarnos que los derechos no son inmutables: necesitan defensa constante.

Quizá el verdadero debate no sea si puede ondear una bandera, sino si estamos dispuestes a defender lo que representa.
Porque, como demuestra la propia historia del movimiento LGTBIQ+, cada intento de invisibilización ha generado nuevas formas de resistencia.





