- El tribunal rumano dicta sentencia tras años de litigio y basándose en el fallo del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE).
- Arian, con doble nacionalidad británica y rumana, se vio atrapado en un limbo legal con dos identidades distintas en cada país.
- La victoria de Arian sienta un precedente clave: todos los Estados de la UE deben reconocer los documentos de identidad trans obtenidos en otros países miembros.
Se acabó el limbo legal y la discriminación administrativa. La justicia rumana ha dado finalmente la razón a Arian Mirzarafie-Ahi en lo que ya se considera la victoria trans más importante de la década. Tras una batalla que ha durado años y que llegó incluso a las altas instancias europeas, Rumanía se ve obligada por ley a reconocer a Arian como hombre, respetando la documentación que este ya había obtenido legalmente en el Reino Unido en 2020.
Un calvario burocrático que llegó hasta Luxemburgo
Arian, nacido en Rumanía pero residente en el Reino Unido desde 2008, inició su transición hace años. Sin embargo, al intentar actualizar sus papeles en su país de origen, se topó con un muro: mientras Londres le reconocía como hombre, Bucarest seguía tratándole «como mujer». Esta situación surrealista le obligaba a vivir con dos juegos de documentos contradictorios, vulnerando su derecho a la libre circulación y a la dignidad.
La victoria de Arian se empezó a fraguar en 2024, cuando el TJUE dictaminó que la negativa de Rumanía era una forma fundamental de discriminación. El tribunal europeo fue tajante: cualquier Estado miembro de la UE tiene la obligación de reconocer los cambios de género legales realizados en otros países de la unión. A pesar de las reticencias iniciales del Gobierno rumano, la justicia nacional ha tenido que claudicar ante el marco legal europeo.
«No es solo mi victoria, es la de toda la comunidad»
La noticia ha saltado a la luz coincidiendo con las celebraciones del Día de la Visibilidad Trans. En un emotivo comunicado compartido por la asociación ACCEPT, Arian no ocultó su alegría: «¡Finalmente he ganado en los tribunales de Rumanía! No es solo mi victoria, es la de todos los que todavía esperan ser vistos, escuchados y reconocidos».
Esta victoria de Arian supone un aviso a navegantes para otros países del bloque del Este que aún ponen trabas a la autodeterminación de género. La sentencia deja claro que los derechos de las personas trans no se detienen en las fronteras y que la identidad de una persona es un derecho humano que ninguna administración puede ignorar. Desde nuestra redacción, celebramos este paso de gigante hacia una Europa donde nadie tenga que pedir permiso para ser quien es.




