A veces, parece que el reloj retrocede. Cuando pensábamos que ciertos debates estaban superados por la ciencia y los derechos humanos, nos topamos con realidades que nos obligan a mantenernos alerta. Queride lectore, hoy en Rainbow ponemos el foco en una preocupante noticia que ha sacudido a la comunidad: la Fiscalía de Valencia tiene sobre su mesa una petición para investigar un programa académico que, presuntamente, patologiza nuestras identidades.
Las organizaciones FELGTBI+ y Lambda València han decidido pasar a la acción tras las revelaciones publicadas por el diario Levante. El centro de la polémica es este máster de la UCV en Ciencias del Matrimonio y la Familia impartido por la Universidad Católica de Valencia (UCV). ¿El motivo? Ciertos contenidos del temario podrían estar avalando las mal llamadas «terapias de conversión».
¿Qué se enseña bajo el amparo académico?
Según la investigación periodística, este posgrado describe cualquier orientación o identidad que se salga de la norma cisheterosexual como un «desorden objetivo». Y lo que es más grave: sugiere que esta supuesta condición requiere algún tipo de intervención.
Vestir de rigor académico una ideología que considera enferma a la diversidad no es solo un anacronismo, sino un peligro real. Dar apariencia de ciencia a lo que las Naciones Unidas cataloga abiertamente como una forma de tortura supone cruzar una línea roja muy peligrosa en una sociedad democrática.
La voz del activismo: Salud mental y derechos humanos
Desde las entidades LGTBIQ+ no han tardado en alzar la voz para denunciar el profundo daño psicológico que este tipo de discursos genera.
- El riesgo de la patologización: Paula Iglesias, al frente de la FELGTBI+, ha sido tajante al recordar que enseñar en las aulas que las personas LGTBIQ+ necesitan ser «corregidas» tiene efectos devastadores. Es un ataque directo a un colectivo vulnerable que, lamentablemente, dispara los índices de riesgo de suicidio.
- Prácticas anticientíficas: Por su parte, Fran Fernández, coordinador general de Lambda, ha señalado la incongruencia de que una universidad respalde corrientes que dan la espalda a la evidencia científica internacional, estigmatizando a cerca del 15 % de la población.
Además, el movimiento asociativo ha aprovechado para recordar su esperanza de que el Tribunal Constitucional admita el recurso contra la reciente reforma de la Ley Trans valenciana, la cual, advierten, podría estar abriendo resquicios legales a prácticas contrarias a nuestros derechos.
Nombres propios y trabajos bajo la lupa
La controversia se agrava al mirar quién está al mando. La información destapada señala a Juan Andrés Talens, miembro del clero y decano de estudios de este máster. Su nombre ya había aparecido en testimonios previos vinculados a un Centro de Orientación Familiar (COF) donde, presuntamente, se llevaban a cabo estas falsas terapias.
El punto más escabroso revelado por el diario apunta a un Trabajo de Fin de Máster tutorizado por el propio Talens. En dicho documento, no solo se vinculaba erróneamente la homosexualidad con la pedofilia, sino que se llegaba a proponer la administración de fármacos para reprimir la orientación sexual de las personas.
Un momento para la reflexión
Esta situación nos obliga a detenernos y hacernos algunas preguntas incómodas, lectore. ¿Dónde termina la libertad de cátedra y dónde empieza la vulneración de los derechos humanos? ¿Deberían las instituciones públicas ejercer un control más exhaustivo sobre los planes de estudio universitarios para garantizar que no se promuevan prácticas ilegales? No estamos ante una simple guerra cultural o un debate de ideas, sino ante una cuestión de salud pública y cumplimiento de la ley. La educación debe ser un refugio de conocimiento, no un laboratorio para intentar borrar lo que somos.





