Mucho antes de que el fenómeno drag inundara las pantallas, ella ya recorría las calles de Barcelona con la frente alta y el rímel intacto. Satanassa no solo es un nombre fundamental en la historia del transformismo español; es el testimonio vivo de una época de claroscuros donde la libertad se conquistaba a golpe de tacón frente a la intolerancia. Desde las contraportadas de La Vanguardia hasta su reciente y aclamado paso por Drag Race España, Satanassa nos abre las puertas de su memoria para recordar cuatro décadas de arte, lucha y una resiliencia inquebrantable.
Para algunos es Sergio; para el mundo, es Satanassa. Pero para ella misma no hay distinción: la persona y el personaje se funden en una identidad que incluso habita sus sueños. Tras 41 años de carrera, la «madre» de la escena barcelonesa repasa una vida dedicada al espectáculo, marcada por el éxito mediático de los noventa y la crudeza de una profesión que, a veces, le negó hasta un contrato. En esta entrevista, la artista nos habla de sus miedos, sus triunfos junto a Locomía y la importancia de seguir siendo, ante todo, una voz libre en un mundo que vuelve a ser complejo.
Revista Rainbow: Para los lectores más jóvenes de Rainbow que están descubriendo tu arte hoy: ¿Quién es Sergio Satanassa cuando se quita el maquillaje y quién es Satanassa cuando se sube al escenario?
Satanassa o Sergio Satanassa —que me da igual cómo me llame— pues es la misma persona, tanto si está sin maquillaje como si se sube a un escenario. Yo conozco muchas compañeras que, cuando se montan, adoptan otro rol, otro papel u otra actitud y, bueno, no sé… están haciendo más bien un papel, ¿no? En mi caso no. En mi caso soy exactamente la misma persona. Evidentemente, cuando me subo a un escenario, esa feminidad se acrecienta; también por los trajes, los tacones y el pelo, que hacen que adoptes posiciones o actitudes más femeninas. Pero, en esencia, soy la misma persona, exactamente igual. Claro que en el escenario me dedico a ofrecer algo muy glamuroso a la vez que divertido; en fin, depende.

Makeup @barbaramattel
Hair @_new.genesis @monsterhouselondon
Estilismo @sergidevcia_couture para @producciones_nextcouture
Revista Rainbow: Empezaste hace más de 40 años, en una época donde el concepto «drag queen» como lo conocemos hoy apenas existía en España. ¿Cómo fue ese proceso personal de descubrir tu lado femenino y atreverte a sacarlo a la luz?
Lo vivía con miedo; un poco con miedo pero diciendo: «No sé, aquí estoy». Con miedo porque yo salía así a la calle, cogía el metro… aún no existían ni travestis ni nada. Siempre pensaban que era una chica. Cuando estaba con desconocidos, intentaba no abrir la boca para pasar desapercibida. Iba así a la universidad. No sé si fue en primero o algo así, que un profesor —imagínate, allí trescientas personas— me hizo salir a la pizarra; yo iba con una camisa azul y, hombre, yo pues… «Sergio Jiménez». Bueno, ¡uuh!, toda la clase: «¡uuh!», ¿sabes?. Son estas cosas que dices: «Pues bueno, pues aquí estoy», ¿no?.
Y luego, al final, parecía la relaciones públicas de la universidad: me conocía todo el mundo. Yo me acuerdo de que iba a la universidad de tarde y salía a las tres o las dos y pico, y recuerdo que los vecinos y todo el mundo se asomaban a la ventana y los de las tiendas salían a ver cómo iba vestida ese día. En ese sentido, lo pasaba un poco mal por mi familia, por si, claro, les decían cosas.
En cuanto a cómo lo viví siendo más pequeña, más niña, yo era muy… muy guapo, excesivamente guapo y rubio. En el colegio de curas, siempre que era la salida de clase y venían las madres a buscar a los otros niños, oía: «¡Ay, hay una niña en tu clase!», o no sé qué. «No, no, no es una niña». Siempre era la misma cosa; me escondía un poco cuando decían: «¡Hay una niña en tu clase!», y respondían: «No, no, que es un niño, que es un niño». He ido a un colegio de curas —al ser de familia de Barcelona— pero no he sufrido ningún tipo de bullying. Jamás me han atacado, ni me han pegado, ni me han hecho putadas de ningún tipo en el colegio. He tenido mucha suerte. Cuando alguno o alguna más «machito» me miraba o cualquier cosa, siempre los amigos y los que tenía alrededor, los compañeros, me ayudaban y me sentía muy defendida. Por eso yo ahora digo: «¿Cómo puede ser que esto haya degenerado tanto?», ¿no?.

Makeup @barbaramattel
Hair @_new.genesis @monsterhouselondon
Estilismo @sergidevcia_couture para @producciones_nextcouture
¿Con tus padres?
También he tenido unos padres que, bueno, en su momento, cuando dije todo, tuve un poco de tiempo con mi madre un poco más tirante, porque ella venía de otro tipo de educación más formal, más religiosa, más tradicional; pero jamás en mi casa me han pegado ni me han castigado, jamás. Mi padre jamás me ha dado una torta, ni mi hermano. Entonces, en ese sentido —esto no lo puedes elegir— es una gran suerte por la que doy gracias a la vida: jamás me han pegado
¿Cómo te convertiste en Drag Queen?
El proceso para convertirme en Drag Queen ha sido muy natural. O sea, no existía ni la palabra Drag Queen. Yo no dije: «Mira, en el 2026 quiero ser Drag Queen o seguir siendo Drag Queen«. Lo mío se hizo de una forma muy natural: me empecé a pintar la raya de los ojos, a poner rímel, añadir pelo largo, cada vez peinados más complicados, labios negros y empecé con el vestuario. Me fui transformando en drag de una forma muy, muy natural. Sacarlo a la luz fue decir: «Mira, yo no hago nada malo a nadie. Entonces, ¿por qué voy a tener que ocultar cómo soy? A quien no le guste, pues mira, es su problema».
Lo hice de una forma muy natural y me expuse ahí. Por eso estuve también tantos años trabajando sola en el panorama de Barcelona, porque los transformistas que había hacían shows concretos en locales cerraditos, a puerta cerrada, donde tenías que picar un timbre para entrar y te miraban por una mirilla. Hacían a lo mejor un show de, no sé, Rocío Jurado o la Pantoja, y cuando acababan se cambiaban, ¿sabes?. En mi caso, yo salía así e iba así a todas partes; iba así en el día a día. Yo me levantaba y lo primero que hacía era desayunar, arreglarme completamente de maquillaje, pelo y vestuario, y así pasaba todo el día. Iba a la universidad y a todas partes maquillada y, cuando empecé a trabajar de noche, ya empalmaba directamente, ¿sabes?. Me ponía más potente por la noche, pero ya iba maquillada y vestida.

Makeup @barbaramattel
Hair @_new.genesis @monsterhouselondon
Estilismo @sergidevcia_couture para @producciones_nextcouture
Cuando llegué a Ibiza, en el año 84 u 85, yo ya iba siempre maquillada a todas partes. Ahí conocí a Locomía y fue un flechazo instantáneo con el jefe, con Xavier Font. Empecé a trabajar con Locomía y estuve tres años. Dije: «¡Ay, hay más gente como yo, por favor! ¡Aleluya!». A nivel artístico, me he ido formando un poquito sobre la marcha. Que me pedían baile, pues estuve años haciendo clases de baile; que me pedían cantar, dije: «Venga, me pongo a cantar». Lo mismo con el teatro: me pedían papeles ya más complejos y me puse a estudiar mis años de teatro. Siempre me he ido formando un poquito sobre la marcha. Y yo, como me siento realmente cuando soy más yo, es cuando estoy montada. Es la persona exacta que soy.
Revista Rainbow: Tu nombre artístico es un homenaje al mítico local Satanassa del carrer d’Aribau en Barcelona. ¿Qué significaba ese espacio para ti y para la comunidad LGTBIQ+ de aquella época?
Pues sí, yo me llamo Satanassa por el mítico bar de Barcelona que se llamaba Satanassa Antro Bar. El nombre me lo cedió el creador de esa locura, Rafa Satanassa (Rafael de los Reyes Corripio), que sigue siendo a día de hoy uno de mis mejores amigos. Para mí significó algo muy importante. Tuve la suerte de haberlo vivido y de lo que significó en aquella época, donde solamente había dos o tres locales de ambiente. El Satanassa, de repente, situado en el centro, abrió las puertas a todo el mundo. Era un local LGTBIQ+, pero abierto a todo el mundo. La gente llegaba allí y era como que se desinhibía de todo. Lo mismo te encontrabas a abogados, señoras con abrigos de pieles, siniestros o heavies. La gente llegaba y decía: «Me olvido de mi condición social, de mi estatus, de lo que soy y vengo a divertirme». Divertirse desde el respeto era la prueba viviente de que podíamos compartir un espacio personas con diferentes pensamientos y donde había buen rollo.
A mí, como escuela de vida, me enseñó mucho. Aprendí que eso es lo que quería tener y lo que tengo en mi vida: todo tipo de personas, amistades y diferentes estatus sociales, edades y profesiones. Para la gente del colectivo en aquella época era como: «Por fin entro por la puerta y me saco el abrigo, voy con mi look o lo que me apetece y estoy libre». Cuando me encuentro gente que venía al Satanassa, con el tiempo han valorado qué bueno era aquello, qué gran momento vivimos; abrió puertas y muchísimos caminos.
Satanassa me bautizaron y me quedé Sata o Sergio Satanassa.
Revista Rainbow: Has vivido en primera persona cómo la sociedad pasaba de marginar el travestismo a celebrarlo. ¿Cuál dirías que fue el momento más duro de esos primeros años de supervivencia en la noche underground, y cuál el más gratificante?
He vivido un momento en el que la sociedad se abría. En mis tiempos, la gran parte de la gente flipaba; veníamos de pasar una dictadura, del destape y de todas estas cosas, y la gente quería libertad, diversión y cosas nuevas. En general, la gente se empezaba a abrir bastante. La primera mujer trans que vi en televisión fue Amanda Lear; luego ya Bibiana Fernández.
Por otro lado, los momentos más duros fueron el miedo de los domingos, cuando salían los grupos de skins neonazis a «cazar» gais. Yo he tenido dos encontronazos con ellos. Uno fue en Paseo de Gracia; iba con otros dos amigos pareja y otra chica lesbiana, y de repente aparecieron quince o veinte skins con bates de béisbol con pinchos y empezaron a dar. Salimos corriendo; un amigo mío corrió todo Paseo de Gracia abajo hasta que nos pudimos meter en un taxi. Uno de mis amigos casi pierde un ojo porque el bate le dio en toda la cara y, por milímetros, no lo perdió. Todas estas cosas son bastante traumáticas: que nos ataquen por amar. Yo pensaba que estaba sola, que era como un monstruo. Cuando era adolescente, pensaba que era un bicho raro de la naturaleza, un error. Hasta que me fui dando cuenta de que no, de que no hacía nada malo y de que por amar a otras personas no tenía por qué esconderme, ¿no?.

Makeup @barbaramattel
Hair @_new.genesis @monsterhouselondon
Estilismo @sergidevcia_couture para @producciones_nextcouture
Fui la primera en muchas cosas: en abrir el primer restaurante espectáculo, en ser la primera drag —aunque no existía el término— haciendo relaciones públicas en sitios con nombre y otros más cutres. Esos son los momentos más terribles, tal como los estoy sintiendo ahora, porque cuando veo el panorama mundial y lo que nos está pasando, con la supremacía de estos hombres heterosexuales blancos que dominan el mundo, vivo un momento que me resulta igual de penoso y duro. Me pregunto: «¿Cómo puede ser que, después de estar reivindicándome cuarenta años en las calles, sigamos así?». Por el hecho de existir, he tenido que ser una persona reivindicativa y activista; no me ha quedado más remedio.
Otra vez fue en un pub de ambiente de lesbianas que se llamaba Iris, donde tocaban al timbre. Yo estaba allí haciendo relaciones públicas para invitar a la gente al Paolo Boner o al Satanassa, y picaron al timbre. El encargado miró por la mirilla, solo vio a un chico, abrió la puerta y se metieron unos cuantos a soltar hostias a todo el mundo. Por cosas de la vida, uno de los agresores conocía a uno de los porteros del Satanassa y soltó: «A esta no la toquéis». Y siguieron dando. Me quedé allí arrimada, pegada a la pared con todos los flyers y la propaganda en la mano, viendo el panorama.
El momento más gratificante es cuando veo programas de televisión y apertura al mundo drag, que se nos considere artistas y que podamos hacer muchas cosas. Tengo muchísimos momentos gratificantes, me alargaría mucho. Por ejemplo, abrir la gira de conciertos de Amaral, bailar con Gloria Gaynor, conocer a Boy George, hacer un musical, películas o desfiles de moda importantes con lo bajita que soy. A estas alturas, cuando sale alguna cosita chula nueva, solo puedo decir «gracias»; es como un regalo más.
Tuve también la suerte de ser la primera drag queen entrevistada en televisión por Nieves Herrero en Antena 3; eso me dio un boom muy grande y la fama. Por esa época, La Vanguardia me sacó en toda la contraportada trasera, cuando no había nada digital. Me acuerdo de ir en el metro y ver a todo el mundo con su periódico y yo salía allí, en la cara de atrás. Eso me hizo mucha ilusión. También he pasado temporadas de no tener dinero ni para comer, ni para facturas, ni mucho menos la hipoteca. He pasado por todo, y eso hace que lo valore todo un poquito más.

Makeup @barbaramattel
Hair @_new.genesis @monsterhouselondon
Estilismo @sergidevcia_couture para @producciones_nextcouture
Revista Rainbow: Hoy tenemos formatos mainstream internacionales. ¿Crees que el drag actual ha perdido algo de esa esencia transgresora inicial, o lo ves como una evolución natural y positiva?
El drag actual, en algunas compañeras, sí que ha perdido la trasgresión inicial. Porque a algunas lo único que les interesa es entrar en Drag Race o, simplemente… He conocido artistas, cantantes o bailarines que, sin haber pensado nunca en ser drags, han empezado a serlo de la noche a la mañana solo por tener más bolos. La trasgresión inicial hay gente que la mantiene y gente que no. Hay todo tipo de personas, como hay todo tipo de drags. También ha seguido una evolución natural.
En mis tiempos yo no tenía referentes; me inspiraban las artistas de Hollywood de los años 40 y 50 y las películas. Las drags de ahora lo tienen todo más a la mano: referentes, tutoriales para maquillarse o peinarse… Por un lado está muy bien, pero por otro le quita el decir: «Oye, me hago a mí misma con mi estilo y no estoy imitando cosas que veo por ahí». Una cosa es inspirarte y otra que no salga nada de ti. En el Satanassa, cuando no tenía dinero, me hacía modelazos con trozos de tela y cuatro agujas imperdibles; no se veía ni una costura fuera de sitio y los montaba sobre la marcha. Las cosas salían de mi cabeza o de mi locura. Ahora lo veo un poquito más «apagado» en ese sentido. Una drag —aunque todas fallamos en algo— tiene que saber maquillarse, peinarse, hacerse su ropa y montar sus shows. Tiene que ser completa. Si te sientas y viene un maquillador, un peluquero con pelucas increíbles y un diseñador con vestuario hecho para ti y tú no haces nada más que lucirlo, para mí se pierde la esencia del drag.
Revista Rainbow: Tu reciente aparición en la cuarta temporada de Drag Race España para el emotivo episodio del makeover de leyendas fue un momento precioso. ¿Qué sentiste al entrar al taller y ver a las reinas rindiendo homenaje a vuestra generación?
Mi paso por Drag Race ha sido una alegría muy inmensa. Fue un programa muy emocionante donde nos cuidaron al 100%, nos respetaron y nos trataron con muchísimo cariño y admiración, tanto el equipo como Supremme, que es de lo más, y las compañeras jóvenes. Muchas nos siguen y nos tienen como referentes; lo más bonito es abrir caminos y saber de dónde vengo y a dónde voy: pasar el testigo a las nuevas generaciones y que lo lleven muy alto. Estoy muy agradecida y contenta.
@dragracees @sergiosatanassa y @Vampirashian – La bella Vampi … ¡Diosas! ¡Leyendas! ¡Estrellas! 💕 #DragRaceEs ♬ sonido original – DragRaceEs
Entrar en el taller me produjo muchísima emoción. En pantalla no se ve todo porque son días de rodaje que hay que editar, pero fue muy bonito. Nos hinchamos a llorar en plan positivo: todo el equipo, el jurado, Supremme, nosotras y las concursantes. Fue un momento épico. Estaré totalmente agradecida por esto.
Revista Rainbow: En 2024 fuiste una de las fundadoras de la Asociación Drag, la primera en nuestro país. ¿Qué os impulsó a unir fuerzas y cuáles son los retos laborales por los que estáis luchando hoy en día?
Me vino un poquito de rebote porque iban a hacerlo, me contactaron y acepté porque he pasado por condiciones laborales terribles. Nadie te quería hacer un contrato; incluso en restaurantes el dueño decía: «¿Dónde se ha visto una drag queen con un contrato?», como si no nos lo mereciésemos. Las condiciones han mejorado mucho pero aún falta muchísimo más. Tenemos muchos gastos y mucha pérdida de tiempo arreglando pelucas, vestidos, aprendiendo playbacks, coreografías o textos. Es mucho tiempo que la gente no valora hasta que no lo hace. Muchas dicen: «Quiero ser drag«, pero cuando ven el trabajo, el sacrificio y que millonaria no te vas a hacer (al contrario, porque el mundo artístico es muy inestable), se dan cuenta. Hay que luchar para que se nos reconozca y se nos valore.

Makeup @barbaramattel
Hair @_new.genesis @monsterhouselondon
Estilismo @sergidevcia_couture para @producciones_nextcouture
Revista Rainbow: Con una agenda tan activa, ¿dónde pueden ir a verte actuar nuestros lectores próximamente y qué proyectos te hacen más ilusión ahora mismo?
Estoy con el Grupo Believe y muy contenta. En locales como Elvira o Fever estoy en puerta de imagen y relaciones. También tengo actuaciones en la discoteca Believe, La Federica, el Candy Darling o el Ocaña; depende. Normalmente se va viendo por redes, además de eventos privados o cumpleaños.
Me hace ilusión hacer proyectos de cine o teatro, como hice con Tránsitos o Contracorrientes, un musical en Madrid. Busco papeles dignos, porque antiguamente los únicos papeles que me ofrecían eran de puta. He hecho de puta muchísimas veces —que aún sigo siendo un poco puta, es broma—, pero siempre eran papeles así hasta que llegaron personajes de madre o hermana. Las drag queens también somos madres, hermanas, hijas, abuelas, amigas y todo lo que haga falta. No solo nos tenemos que dedicar al espectáculo o a la prostitución. Se echan de menos los proyectos que te mueven el gusanillo y te hacen esforzarte. Amo muchísimo mi trabajo; si no amas el drag, apaga y vámonos. O lo amas o vas a durar un tiempo efímero.

Makeup @barbaramattel
Hair @_new.genesis @monsterhouselondon
Estilismo @sergidevcia_couture para @producciones_nextcouture
Revista Rainbow: Mirando hacia atrás a toda tu inmensa trayectoria, ¿cuál es el logro del que te sientes más profundamente orgullosa?
El logro del que estoy más orgullosa es mantenerme después de cuarenta o cuarenta y un años. Seguir trabajando, que me ofrezcan cositas y poder ir a castings es para mí el mejor regalo: dedicarme a lo que me gusta y me hace feliz, así sin más.




