¿Te gustan las sorpresas?

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te gustan las sorpresas revista rainbow
  • ¿estás bien? – me preguntó Jason

  • Repíteme la pregunta cuando termine la noche. Aún no lo sé.

Mi respuesta no terminó de convencerle.

Llegamos a casa con el tiempo justo de darme una ducha y cambiarme de ropa tantas veces que hasta Matt se fue de la habitación ignorándome. Eran casi las 8 y aún estaba dudando si ponerme camiseta o plantarme una camisa; todavía tenía que peinarme y, por lo poco que Matt me había contado de Jason, siempre llegaba 5 minutos antes de la hora.

Decidí dejarme los vaqueros y las zapatillas puestas y peinarme. Espiaría a Jason por la ventana y cuando bajase del coche y lo viera vestido sabría cómo terminar de arreglarme. Sí, ya sé que estáis pensando, pero los nervios de una primera cita a todos nos lleva a hacer alguna locura y, aunque bien es cierto que no sería una primera cita, oficialmente es la primera vez que quedamos para estar a solas los dos.

Me subí en el coche de Jason. La radio nos hablaba a ritmo de jazz y el sol aún no se había despedido del día. Estaba anocheciendo cuando la playa nos acompañaba por el lado derecho de la carretera. Todas las palabras que habíamos cruzado hasta el momento eran meros saludos educados y un par de besos. No sé el porqué de no haberme besado y no sé el porqué de no haberle empujado a mi boca..

  • ¿dónde me llevas? – le pregunté a Jason esperando que bajase la música e intentásemos hablar.
  • ¿te gustan las sorpresas?
  • Depende

Se volvió a hacer el silencio. El ritmo de jazz se mezclaba con el sonido del mar. Cerré los ojos mientras el viento golpeaba mi cara y, de repente, el corazón se aceleró. Jason estaba apoyando su mano encima de mi pierna.

  • Ya casi llegamos, no te duermas.

No estaba dormido. Él lo sabía. Volvió a colocar su mano en el volante y unos 5 minutos después ya aparcamos en el restaurante.

  • De acuerdo, espera aquí.

Bajamos del coche. Me quedé apoyado durante un par de canciones cuando lo vi salir del restaurante. Se acercó y me preguntó si estaba preparado. Me tapó los ojos. Entramos al restaurante y no parecía haber mucha gente. El único ruido que había era una música acústica ambientando el local. Me ayudó a sentarme en la silla y me quitó el pañuelo de los ojos.

Descubrí un restaurante completamente vacío. Allí sólo estábamos Jason y yo en una mesa vestida con un centro de rosas blancas y negras (mis favoritas), una botella de vino y unos platos aún por descubrir…

  • Y esto es sólo el principio…

La cena compensó todo lo que habíamos callado. Estuvimos hablando hasta que un precioso reloj de cuco nos anunció la medianoche y Jason me pidió que lo acompañase.

Detrás del caserío, una piscina climatizada, velas y champán . Y mi mochila en una de las hamacas.

  • ¿estás bien? – volvió a preguntarme más cerca de mis labios que lo que había estado toda la noche.
  • ¿ha terminado la noche? – le respondí casi como un susurro.
  • No por mí.
  • Vuélveme a preguntar cuando acabe.

Y me besó.

7 Comentarios

  1. Pero qué bien escribes, deberías tener una sección tuya, porque lo haces de maravilla, y como siempre dejándonos con la incógnita de qué pasará.

  2. Escribes muy bien, deberías de tener una sección para ti en la revista. Y como siempre nos dejas con la incógnita de qué pasará.

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