Noche inesperada

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noche inesperada revista rainbow

He de confesar que no me gustó que Jason apareciese en casa de Marc acompañado. Mi mente lanzaba una veintena de teorías, unas absurdas y otras más absurdas aún, sobre por qué había venido acompañado y por qué no me había avisado;  si es que no lo había pasado igual de bien que yo anoche y por eso no quería estar a solas conmigo… claro que, si hubiera sido así, tampoco habría querido venir… pero aquí estaba…

Les invité a pasar segundos después de presentarnos. Jason le acompañó a la mesa y me dijo si podíamos hablar en privado los dos:

  • Perdona por venir acompañado. Ella es mi mejor amiga y acaba de recibir una muy mala noticia. No podía dejarla sola y tampoco quería fallarte a ti. Suponía que no te molestaría que viniese conmigo.

Y aquí he de confesar dos cosas: la primera es que un poco sí me molestaba. De haberlo sabido habría hecho otros planes; la segunda, y la que más me molestaba, es que acababa de descubrir a un Jason que, además de romántico, es de los que cuidan a sus amigos, por encima de sus propios planes. Y eso, me había empezado a enamorar un poquito más.

Cenamos los tres. La velada fue lo bastante amena como para que Paula no pensase demasiado e incluso riera de vez en cuando; lo bastante cercana como para que Jason me cogiera de la mano de vez en cuando por debajo de la mesa y lo bastante divertida como para que cuando Marc llegó a casa cerca de las 2, se apuntara y siguiésemos con la fiesta hasta pasadas las 4, cuando ya estábamos más dormidos que despiertos en el sofá.

Marc les ofreció abrir el sofá y quedarse a dormir y, con más alcohol que fuerzas en el cuerpo, no pudieron rechazar esa oferta.

Marc marchó a su habitación y yo, en un ataque de valentía más provocada por la ausencia de vergüenza que causa el alcohol que por mí mismo, le propuse a Jason de dormir juntos y dejarle mi cama a Paula.

Él miró a Paula, como pidiéndole permiso por si le necesitaba. Ella asintió, como dando permiso a que Jason tuviera su noche especial. Aquella noche que ella le había robado. Al menos, lo que quedaba de noche. Él volvió a mirarme y sonrió.

Guié a Paula a mi dormitorio y volvía  salón. Jason permanecía sentado en el sofá, esperándome. Me senté a una distancia prudente entre el “quiero estar contigo” y el “no sé cómo seguir ahora”. Y eso que la proposición fue mía.

  • Acércate. – susurró mientras me cogía de la mano y tiraba hacia él. – bésame.

Y le volví a besar.

Y pasó la noche. Y el sonido de la cafetera y la tostadora, orquestadas por Marc, nos despertó.

Jason me besó la mejilla para darme los buenos días. Nos levantamos, desnudos, y nos fuimos a la ducha. Una ducha que se alargó más de lo necesario.

Fuimos a desayunar. Paula y Marc seguían esperándonos y tuvimos que recalentar el café.

  • Siento haberos estropeado la cita anoche – dijo Paula
  • Gracias por haberla mejorado – le contesté.

Jason me miró y, con un leve movimiento de labios, me dio las gracias.

Yo, que ya no podía ocultarlo más, tuve que contarle a Jason que, en 3 días, tenía el billete de vuelta.

Y claro, a Jason no le gustó escucharlo.

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