Noche de San Juan

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noche de san juan revista rainbow

Tocaba despedirse. Sabíamos que era mejor terminar en ese momento todo lo que habíamos creado y no intentar algo en lo que nosotros no podíamos creer, ni siquiera después de todo aquel tiempo gastado en conversaciones de madrugada y películas que nunca veíamos acabar…

Ese verano fue el primero en el que me enamoré. Sin amores de instituto ni falsos amores que surgen para aparentar ser más y mejores que otros. Me enamoré con todas las consecuencias que ello conlleva, con todo el dolor que te produce el miedo que siempre va de la mano en esos primeros momentos o con ese terror a dar, no el primer beso, sino el segundo, o el último, que siempre son los más difíciles, y más cuando conoces que será, de verdad, el último.

Todo comenzó cuando te acercaste a mí en aquella fiesta en la playa. Yo estaba sentado delante del fuego, con el alcohol en la mano y esforzándome en no escuchar el horror de música que Matt estaba poniendo.

Matt era mi mejor amigo. Y el culpable de que todos los veranos los pasara en su casa de la playa. Matt es de esas personas que te enamoran en cuanto les conoces  y con las que estás seguro que quieres tener el resto de tu vida a tu lado.

Esa noche me arrastró hasta la playa. Yo había aterrizado esa misma tarde y apenas me sentía con ganas de fiesta pero, como siempre, me convenció. Y, como siempre, tenía razón cuando me dijo que esa noche era una fiesta especial de inicio del verano.

Te sentaste en frente de mí, cortándome las vistas a la infinitud del mar y me sacaste del letargo donde me encontraba. Sería poco más de la 1 de la mañana. La luna ya estaba en toda su plenitud y a mí cada vez me quedaban menos fuerzas para aguantar despierto.

  • Hola, ¿sigues aquí? Me preguntaba si te apetecía que nos diéramos un baño – Me dijiste, sin ni siquiera decir tu nombre.
  • No me dejan bañarme con desconocidos y, además, no tienes bañador – intenté bromear sin mucho éxito.
  • Nada que no se pueda arreglar. Soy Jason – me dijiste mientras te acercabas a hacer honores a la educación y me besabas la mejilla – y no nos hace falta bañador.

Es cierto que apenas quedaba gente ya y estaban bastante dispersados por las diferentes hogueras que había en la playa esa noche de San Juan. Tras varias excusas te diste por vencido, pero no te marchaste.

  • Pues si no te molesta, me quedo aquí contigo. Podemos hablar, o podemos quedarnos callados observando a ninguna parte. Quizás sea una buena forma de conocernos…

[…]

Me desperté sin apenas haber dormido. Recuerdo llegar a casa sobre las 5 de la mañana y tumbarme en la cama sabiendo que había sido una de las mejores noches de mi vida.. y que aún teníamos todo el verano por delante para conocernos..

…y de repente caí en la cuenta en que ni siquiera te había dicho mi nombre.

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