Love at first sight – Amor a primera vista

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soy cayetano adictor al amor revista rainbow

Se paró a diez metros de mí, me miraba, yo me paré, le admiré. La luz reflejaba su intenso cabello castaño, hacía relucir su piel bronceada por el sol, ese moreno tan característico de quien ha estado en zona de costa y resalta en la capital.

La estampa era digna de una película, era mi momento mágico, la calle de Alcalá se alzaba tras él, y era coronada por una de las puertas más fotografiadas de Madrid.

Franqueado por el Palacio de Cibeles y la Casa de América allí estaba él, como si de unas deportivas de Christian Louboutin se tratase, cómodo, llamativo, exclusivo y con espuelas que te invitan a tocarlas, aunque sabes que te harán daño.

El cabello le caía por la cara de manera natural, lo que uno tarda normalmente media hora en parecer perfectamente despeinado, a él le resultaba de manera absolutamente natural.

Un jersey de punto de manga corta dejaban ver unos brazos definidos y muy trabajados y los vaqueros tan ajustados que podría intuir hasta la última vena de sus gemelos.

Fueron unos segundos, pero me hubiera quedado en esos pocos segundos el resto de mi vida…

Sobre todo, si hubiera sabido lo que vino después…

Me decidí a caminar hacia él, esperando que me dijera algo, cuando de repente, buscó en su bolsillo algo, supuse que sería el teléfono para poder pedirme mi número, estaba claro que habia sido amor a primera vista, era el hombre perfecto, según me acercaba a él, me fijé en sus manos, una piel fina, bronceada, los dedos finos y alargados, y sacaba una especie de bolsita de su bolsillo delantero.

Ya casi frente a él pude ver que era alto, con los hombros más prefectos que habia visto en mi vida y sentí como mi estómago se encogía y me faltaba el aire.

Le sonreí, me sonrió, y por fin me habló:

  • ¡Cuidado!

Qué bonito, me va a decir un piropo como que me caí del cielo o que perdí mi envoltorio de bombón – pensé-

  • ¡Cuidado! O pisaras el regalito que acaba de dejar Julieta, mi chihuahua.

¿En serio? No se había parado frente a mí, se había parado a esperar que Julieta hiciera sus cosas de chihuahua en la acera, y no se sacaba el móvil para apuntar mi teléfono, sino que sacaba una de esas bolsitas para recoger los regalitos de Julieta.

Pero me había hablado…. Eso no era parte de mi fantasía, eso era real.

Bueno, cuando volví a la realidad y vi que había vivido un romance maravilloso de 30 segundos, ya son 29 segundos más que algún matrimonio de Britney Spears, fui mi fiel a la filosofía del Carpe diem y me aparté a un lado, y muy discretamente me quité las gafas de sol y me aseguré de que recogía perfectamente lo que Julieta había dejado, por un momento pensé que Julieta era un mastín, pero me centré en lo verdaderamente importante, que además de guapo, apolíneo y perfecto era un ciudadano modelo, y sí, con un culo perfecto que pude disfrutar mientras se agachaba a recogerlo.

En el momento en que yo estaba volviendo de la realidad y disfrutando del momento, no sé cómo ni sé de qué manera, pero se volvió y me sonrió, con un:

  • Hola soy Fernando y ella es Julieta.

Y en un tono perfecto, y una voz perfectamente modulada dije:

  • ¡¡Encantado!! Soy Cayetano, oye gracias por avisar, iba mirando lo bonita que está la puerta de Alcalá hoy y no me había fijado. Y qué bonita Julieta, me encantan los perros.

¿En serio Mariquetas?

Vale, eso pasó en mi cabeza en realidad fue algo así.

  • . en…enc… zoy… calle Alcalá, qué bonito culo! ¡Digo perro!

¡¡¡¡Pero por si era poco perfecto, él se río y si!!!! ¡¡¡Me pidió el teléfono!!!

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