Limpieza parte 2

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limpieza revista rainbow

Ropa interior. Esa que cambias bastante más a menudo que los amigos, digo sudaderas, de la parte de arriba. Eso que son momentos más  o menos olvidables de noches o de risas espontáneas que se quedan ahí, en unas madrugadas de agujetas abdominales o de pasión desenfrenada.

Complementos: los usamos de vez en cuando, cuando llega el frío o cuando no tenemos con quien abrigarnos a primera hora de la mañana, pero en seguida sale el sol a mediodía y lo volvemos a guardar en el bolso o en la mochila que nos acompaña en el total look y que, al llegar a casa, volveremos a dejar en ese mismo cajón, en su mismo lugar, hasta que otro día, seguramente más lejano que próximo, volvamos a tirar de ese amigo que necesitaremos y que entonces, quizás, ya se haya estropeado de tanto esperar a que le volvieses a elegir y sólo tendrás la opción de esperar que te responda una llamada que nunca te cogerá. Así que, asegúrate de abrigarte bien esa mañana con otro amigo. Y, esta vez, no juegues a necesitarle, juega a quererle. Es mucho mejor. Él nunca te abandonaría y, si lo dudas, es que no has leído la composición de ese pañuelo..

Penúltimo cajón: Un par de cajas pequeñas. Abro la caja con dibujos de botones. Siempre me han gustado los botones. Me parece una simbología capaz de unir dos piezas que se pueden  necesitar – o no – pero que saben que en todo momento tendrán ese nexo de unión.

Dentro de la caja. Juguetes que una vez me regalaron. Juguetes que hablan de aquí, de allí, de esos momentos donde nacieron y donde supe que me estaban ofreciendo un recuerdo de un lugar, de un olor, de una conversación y de un abrazo. Y sobres. Sobres con fotos, sobres con cartas que empiezan a amarillear, sobres con tarjetas de cumpleaños que llegan desde lejos y que me hicieron recordar a cafés con tartas y me permitieron dejar escapar alguna lágrima de alegría. De alegría por hacerme recordar que soy capaz de brillar por mí mismo y que detrás tengo a gente que me empuja a seguir adelante y creer en mí.

La otra caja guarda enseres necesarios para la casa. De aquí poco puedo deshacerme porque es más una caja para convivir que para recordar. Una caja que te acompaña a la cama, al sofá, a la ducha. Una caja con quien cocinar y con quien ver esas pelis o esas series que, en la mayoría de las ocasiones, gusta más a uno que a otro. Esa caja que te acompaña en verano y en invierno y que sueles necesitar más de lo que te vas a dar cuenta en tu vida, salvo en esos momentos en los que la soledad te empuja a leer tus propios pensamientos y tus propios sentimientos.

Último cajón. Vacío. No recordaba haberlo dejado así. Supongo que en la última limpieza quise dejar espacio para los nuevos complementos y para los nuevos recuerdos.

Quise tener espacio dentro de mí para los nuevos amigos…

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