Limpieza: Parte 1

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limpieza revista rainbow

¿Sabes esos días en los que te pones a hacer limpieza general y acabas revolviendo todo y casi sin cumplir tu objetivo? Pues ayer fue uno de esos días.

Llevaba varios días sabiendo que tenía que vaciar el armario y empezar a seleccionar todo aquello que quería conservar, todo aquello que quizá pudiera tener una segunda vida y optar entre quedármelo o regalarlo, y todo aquello que ya llevaba un tiempo queriendo despedirse y escapar de este armario.

Me levanté aquella mañana entre la pereza de empezar y las ganas de ordenar. Aquellas personas que me conocen podrán confirmar que esto de organizar es casi una manía o, incluso, una obsesión. Después de desayunar, enganché el bluetooth del móvil con la torre de sonido y abrí la puerta del armario para comenzar…

Sudaderas: una bastante vieja que podría deshacerme de ella, aunque me duele porque fue un regalo de alguien muy especial que ya no tengo a mi lado; otras que pueden aguantarme este invierno ahora que ya empieza a llegar el frío y otras que hace un par de años que no me las pongo y que sé que no volverán a tener una vida muy útil conmigo. Ésas las puedo regalar y quitarme de encima ese peso.

Camisetas. Todas colgadas y ordenadas por color. De claro a oscuro. A veces me gustaría que mis pensamientos también pudiesen estar ordenados de una u otra manera. No voy a ser quisquilloso con la forma de organizar algo que ni siquiera puedo tocar y, a veces, ni siquiera comprender. Pero ordenarlos para, quizá, no tropezar tantas veces en el camino que voy eligiendo o en el que me elige a mí. No sé cómo funciona eso del destino…

Pantalones: también siguiendo un orden lógico de color y clasificados por más o menos arreglados, pero en perchas con dos o tres vaqueros o chinos cada una. Como esas reuniones que solíamos tener con personas que solíamos considerar amigos pero que, en varios meses, no han sido capaz de descolgar un teléfono para ver cómo estás, pero sí para responder cuando eras tú quien intentabas sacar una respuesta de ese armario. Esos amigos cuyas excusas te parecían lógicas pero que luego sí los veías con otros pantalones en otros armarios, pero supongo que mi tiempo y mi amistad valen menos que el armario forrado de terciopelo de otras casas. Quizás el mío empieza a oler a cerrado donde no podrán volver a colgarse de esta percha con forma de corazón…

Y llegamos a los cajones…

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