Influencias musicales de una marica genuina

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britney spears revista rainbow

Hay canciones que marcan puntos importantes en nuestras vidas. Puede ser porque escucharlas nos generó una sensación memorable, o porque sonaron en un momento decisivo para nosotros. Y allí se quedan. Cada vez que suenan, uno vuelve a ese lugar donde estuvo, donde siempre estará. Por eso hoy te traigo un top cinco muy personal: influencias musicales de una marica genuina.

Este artículo tiene de canciones que marcaron momentos indispensables en mi trayectoria hasta el individuo que soy hoy en día. Mi sexualidad ha estado presente en mí desde muy temprana edad, y eso lo he ido entendiendo con los años. Quizás en su momento no la noté, pero siempre ha estado allí, latiendo.

La primera vez que recuerdo que me gustara un chico tenía siete años. No sabía qué era el amor, mucho menos lo que quería de él, pero algo me llamaba. De la misma forma, sabía muy bien lo que quería de mis compañeritas de clase: nada. O bueno, sí quería algo, tenerlas como compañeras de tarima. Y con una tarima empieza el primer recuerdo.

Falsas Esperanzas, Christina Aguilera –   9 años.

¿Qué clase de niño de cuarto grado se queda dentro del salón a bailar sobre las sillas con otras tres niñas mientras hay todo un evento afuera? Pues yo. Siempre tarima, nunca audiencia. Así soy yo, querida. Tenía nueve años, pero estaba listo para subirme a ese escenario imaginario.

Este es uno de los recuerdos más vívidos que tengo de mi infancia. Siempre me saca una carcajada. Para ese entonces estábamos en alguna celebración. Había de todo afuera: comida, música, inflables, payasos… Ah, pero nosotros cuatro preferimos quedarnos en el salón con un mini altavoz y escuchar al CD de Christina Aguilera.

Mi reflejo” es uno de esos discos que me sé prácticamente completo. Christina en español es icónica para mí. Por supuesto que no lo pensé dos veces para subirme a un pupitre y dar un épico show al mejor estilo de las chicas de “Cómo en el cine”, una novela mexicana en la que la canción era el tema principal. Lo que mi mente inocente no sabía es que esas chicas, a las que estaba imitando, eran trabajadoras de la noche. Un pequeño detalle.

Una fecha importantísima que años más tarde recordé en mi camino hacia el descubrimiento de mi mariconería, y de mis ganas de subirme a un escenario -que no tiene necesariamente algo que ver con ser gay, pero también estuvo allí siempre-.

Guilty, The Rasmus  – 12 años.

Aunque esta es la única que entra dentro del “rock” en este conteo, eso no quiere decir que yo no haya tenido mi etapa de rockera. Mi época de estudiante de secundario fue un poco -bastante- oscura para mí, y mi forma de expresarme era a través de la ira y la violencia del rock. The Rasmus apareció apenas en el inicio de esa etapa.

Tenía todo el estilo, aunque no me lo creas. Cadenas de púas, muñequeras de cuero con más púas, camisetas negras con estampados de bandas como Dream Theater y mi respectivo playlist. Me gustaba traducir las letras, las usaba para revolcarme en mi frustración con el mundo que me rodeaba. Y entonces salió esta.

Desde su primer single, el estilo de The Rasmus me atrapó. Tenía justo el contraste entre las dos cosas que estaba buscando en ese momento: rock y plumas. Guilty es una canción que mi familia nunca va a olvidar, eso te lo aseguro, de tanto que la escuché. Es más, en algún momento, mi mamá me prohibió que siguiera escuchando y viendo a la banda porque su vocalista, Lauri Ylönen, usaba plumas negras en la cabeza y las uñas pintadas de negro. Lo más gracioso es que el pobre Laur¡ ni siquiera es gay; pero ella sí que tuvo razón en que yo me estaba viendo reflejado en sus plumas y su estilo afeminado.

El hecho de que me lo prohibieran lo hizo aún más tentador. Así que me obsesioné más con la banda y con el rock. Podía escucharlos durante todo un viaje de siete horas en carretera con mi discman. Eso sí, en algún momento se escapaba por ahí Barbie Girl, de Aqua, o hasta el soundtrack completo de High School Musical. Solo estaba pasando por una etapa rebelde/depresiva, ¿Recuerdas? Nunca podría anular de mi vida el pop taconero.

Me agasint the music, Britney Spears ft. Madonna –  12 años.

¿Influencias musicales de una marica genuina? ¿Nacida en los noventa? Pues… ¡Britney Spears! Como dije antes, el hecho de que escuchara rock a los doce no pudo opacar mi eterno gusto por el pop. Y ella es, básicamente, la raíz más gruesa y más antigua de este árbol con flores de arcoiris, que en lugar de polen, destilan purpurina.

Esta canción entra el conteo destacando más que el resto porque propició situaciones mucho más… atrevidas. Estamos hablando de que tenía doce años. Mi mejor amigo (que por cierto también es maricón) y yo éramos la burla del salón. Ambos por afeminados, él por ser gordo, y yo por nerd. Ya sé, suena horrible, pero no te compadezcas todavía. Ese rechazo terminó por generar el momento de transición más importante de mi vida hasta ahora: cuando asimilé y entendí que era homosexual.

Como éramos tan perdedores, preferíamos quedarnos en el salón durante el recreo, así nos evitábamos burlas. Además, tampoco nos interesaba jugar al fútbol ni nada de lo que hacían los otros chicos. Nosotros nos quedábamos allí dentro y discutíamos Los 10 + pedidos de Mtv. Éramos dos obsesivos de la música. Siempre estábamos hablando de quién debería estar en el número uno. Comprenderás que cuando salió Me against the Music nos explotaron las neuronas.

Pasamos semanas hablando de lo sensuales que eran Britney y Madonna, de cómo coqueteaban entre ellas para provocar a todos los chicos, cómo bailaban, su ropa. ¡Dios, qué ganas de ser como ellas!

Un día nuestra emoción por el dúo fue tal, que terminamos bailando la canción por todo el salón, imitando el vídeo. Nos arrastramos por el piso, corríamos pegados a las paredes, pasábamos entre los pupitres… todo bailando y cantando. En ese momento tuve que hacer una pausa. Estaba jadeando de tanto bailar, más feliz que nunca. Me miré a mí mismo, como si mi espíritu hubiese salido de mi cuerpo. Sí, Alejandro, eres gay, y de paso showcera.

Bad Romance, Lady Gaga  – 16 años

Ay, amiga. Con la cantidad de plumas que solté cada vez que bailé esta canción podría darle una almohada a cada ser vivo de este planeta. Cualquier relato de influencias musicales de una marica genuina de esta generación tiene a Lady Gaga. ¿Cómo no tenerla?

Cuando salió Bad Romance (2009) yo estaba en primer semestre de Comunicación Social. Aún vivía en el armario. Si le había confesado a una persona mi homosexualidad, es mucho. A pesar de eso, entrar en la universidad fue una oportunidad para mí de empezar desde cero y con menos miedo. No estaba aterrado por mi grupo, al contrario, encajé muy bien y pude destacarme en lo que me gustaba.

Esos primeros años hice algunas amistades muy valiosas que sigo conservando hasta hoy en día. Muchas veces nos tocó hacer trabajos creativos juntos, entre esos, obras de teatro. Llegó mi momento. Empecé a escribir obras y las convertía en musicales. Contaba la historia que quería contar y luego le metía las canciones que me parecían. Si bien, no había aclarado mi sexualidad con toda mi gente en ese momento, creo que se hizo bastante obvio a través de lo que expresaban mis obras.

Por supuesto que lo primero que hice cuando salió Bad Romance fue aprenderme la coreografía. Lady Gaga me volvía loco. Incluso llegué a hacer mini shows para mi grupo de amigos cuando nos reuníamos a emborracharnos los fines de semana. Siempre terminaba yo, tirado en algún sofá, esperando a que le dieran “play“, para empezar mi show con Alejandro, y luego seguirlo con Paparazzi, Poker Face, y claro, Bad Romance.

Finalmente terminé por incluir esta canción como un número en uno de mis musicales. Arrastré a unos diez compañeros -hombres y mujeres- conmigo. Los junté un par de veces para ensayar, y presentamos nuestro performance con dignidad. Mi amor, si eso no te dice que soy gay, no sé qué lo hará.

Listen, Beyoncé (del musical Dreamgirls)  – 17 años. 

No podía cerrar este relato sin un poco de drama, porque si hay algo que generan las influencias musicales de una marica genuina, es ponerla en modo drama. Ya sé lo que me vas a decir. Esta versión de Dreamgirls salió en 2006, pero yo no me enteré. La primera vez que vi el musical y escuché la canción fue en 2010. Para mí es una de esas casualidades que no son casualidad.

A unas cinco cuadras de mi casa, había una tienda de películas. Yo amaba ir a esa tienda y buscar títulos nuevos. Podía pasar ratos muy largos caminando esos pasillos mirando, escogiendo. De total casualidad, encontré Dreamgirls. Nunca fui el fan número uno de Beyoncé, mucho menos sabía quién era Jennifer Hudson, pero la trama me llamó y me la llevé.

Listen, es el momento en el que el personaje de Beyoncé le pide a su esposo que la escuche. Está cansada de hacer lo que él dice, quiere encontrar su propia voz. Está aterrada, pero ha llegado el momento de seguir sus sueños en lugar de dejarlos de lado por estar complaciéndole a él. ¿Sigues un poco lo que esto causó en mi mente dramática y novelera?

En los shows privados que hacía para mis amigos, hubo un par de veces que terminé interpretando esta canción. Lloré y grité para que mi familia (y el mundo en general) escuchara mi voz. Estaba deseando salir del armario, aunque me diera muchísimo miedo.  No pasó mucho más hasta que ocurrió después de eso. Pero esa historia ya será para otro relato.

Así que, ya que esta entrada se resume a Alejandro haciendo shows en tarimas y videos musicales imaginarios, cuéntame tú. ¿Alguna vez te adueñaste de una canción de esta manera? ¿Qué canción era? Suelta la sopa, cariño, no dejes nunca de contar tu historia. Estoy seguro de que alguien querrá oírla. Y si eres gay, ¿Cuáles son las influencias musicales de una marica genuina en tu caso?

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