Despertar de un sueño

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despertar de un sueño revista rainbow

No sabía con certeza cómo había llegado mi mochila hasta aquí, pero Jason no tardó en explicarme que Matt se la había preparado mientras me duchaba y los camareros la habían sacado del coche mientras cenábamos.

  • Vaya, que camareros más eficientes.
  • Son amigos de mis padres. Todo esto de ellos.
  • Entonces también es tuyo.
  • Aún no. Mis padres quieren que – calló, pensó – bueno, da igual, no voy a estropear la noche.

Nos sentamos a ras de suelo y abrimos el champán. Los pies se sumergían en el agua, las manos se atrevían a rozarse de vez en cuando y nuestras miradas se iban encontrando sorbo sí, sorbo no. Y, mientras tanto, la luna hacía más pequeñas las luces de las velas, al menos de las pocas que ya quedaban encendidas.

  • ¿a cuántos has conquistado con todo este atrezzo? – pregunté intentando echar fuera parte de los nervios que me hacían temblar.
  • Te voy a ser sincero. No eres el primero, pero sí el segundo. Supongo que después de que el primer amor te destroce el corazón aprendes a ir más despacio con los siguientes. Supongo que el miedo a que te lo vuelvan a romper, el valor que hace falta para volver a intentarlo o la lógica para conseguir que la razón logre perder parte del miedo y soltar parte de valor y, volver a intentarlo.
  • Y, ¿por qué yo?
  • Y ¿por qué no tú? El año pasado ya nos conocimos y ha pasado algún tiempo desde aquella situación que tanto me apartó de mis amigos y me hizo perderme a mí mismo. Sabía que venías este verano también. Le pregunté a Matt por ti y todo lo que me dijo fue que eres su familia. Tienes mucha suerte de contar con alguien que te quiere tanto como él. ¿sabes que estuvo a punto de echarse a llorar cuando me contaba todo lo que significas para él? Ojalá todos los amigos se dijeran esas cosas más a menudo a la cara. Cambiaría tanto el mundo y la vida de la gente.

  • Es cierto. Coincido contigo en esa opinión y con Matt en que él también es mi familia. Pero, eso no me aclara qué querías sacarle realmente. – y entonces caí – Ah! Por eso me arrastró el primer día a la playa! Porque tú estarías allí! – me reí
  • Sí, por eso. Fue una medio cita a medio ciegas.

Me acerqué, le pedí permiso, y le besé. Me gustaba. Jason me gustaba mucho y, casi sin darnos cuenta, entre baños y palabras, amaneció.

Fui a ducharme y me reuní con Jason para desayunar. Se le veía distinto. Y yo me sentía distinto. Y Matt estaría mordiéndose las uñas esperando saber cómo había ido todo.

Subimos al coche y Jason condujo hasta casa de Matt.

  • Ya hemos llegado. – me dijo – ¿te apetece que nos veamos luego?
  • Creo que aún tienes que hacerme otra pregunta antes de esa.

Estuvo pensando sin saber a qué me refería un par de minutos. Al final me volvió a preguntar, por tercera y última vez:

  • ¿estás bien?

Y, después de besarle, le respondí:

  • Estoy más que bien. – le volví a besar. – luego te escribo.

Bajé del coche y caminé hacia la entrada. Arrancó. Se fue y Matt, que estaba esperando, abrió la puerta, me empujó al sofá y su cara decía que algo malo había pasado…

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