…acabadas.

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acabadas revista rainbow

Y ahí estaba yo, sentado en la cama, con una pierna cruzada y la otra apoyada en el suelo, temblando, mientras mi mirada iba buscando la tuya, que se perdía entre nervios y ventanas…

Me soltaste aquello de “tenemos que hablar” y mi mundo, tal y como lo conocía, empezó a resquebrajarse. Hasta el aire se me hacía imposible de respirar. Habíamos pasado por tanto que no entendía qué podía estar pasando por esa cabecita tuya que me tenía tan enamorado, y no a pesar, sino gracias a tantos años.

Habíamos peleado tanto que lo único que conseguía adivinar es que lo siguiente a esa frase no traería nada bueno.

Y me lo contaste.

Y me partí en dos. Uno quería gritar y llorar al mismo tiempo por la rabia, por la impotencia. Pero debía ganar la parte de mí que tú más necesitabas y mostrarme como ese apoyo que siempre he intentado ser para ti.

Había vuelto. De nuevo a empezar, sólo que ahora la guerra venía a pelear con dos guerreros que ya sabían cómo vencer. Y el cáncer no contaba con ello. Seguramente perderíamos alguna batalla. Algún momento de recaída y muchos momentos en los que querremos rendirnos a lo único que parece más fácil que vivir. Seguramente tendríamos que levantar la voz, tendríamos que alzarnos sobre nosotros mismos, como casi volando, para no seguir hundiéndonos en las salas de espera del hospital.

No fueron tiempos fáciles. Las guerras nunca lo son. Las horas de dormir se reducían continuamente. Las horas de vivir se gastaban sin hacer nada. O haciéndolo todo. Pero ese todo se reducía a luchar. Luchar en el hospital. Luchar por no caerte cuando vas a vomitar. Luchar por levantarte a comer. Luchar. Sobrevivir.

Llevábamos un control bastante riguroso e íbamos informándonos continuamente de cómo estaba yendo todo. Si funcionaba. Si no lo hacía. Si había que valorar algo más fuerte o iba a remitir todo pronto. Las citas con el médico eran, por lo general, lo suficientemente optimistas como para animarnos a seguir peleando.

Tu familia estaba luchando. Tus amigos estaban luchando. Yo estaba luchando y tú eras un superviviente con un ejército detrás de ti para protegerte, para escudarte y para darte toda esa fuera que no siempre uno es capaz de sacar de sí mismo.

[….]

Habían pasado 7 meses y la cosa parecía mejorar según las últimas noticias. Acababa de llegar al hospital a verte y el médico estaba contigo. No había nadie más en ese momento. Sólo tú, dormido, y el doctor.  Recuerdo que estaba más nervioso de lo normal porque ya estabas casi terminando tu tratamiento y ya estábamos pensando en uno de nuestros viajes…

Pero la cara del doctor nunca la olvidaré cuando me lo dijo. No podía creerme que estuviera pasando después de todo. Recuerdo que el mundo se paralizó. Había enfermeros a tu alrededor desconectándote y empecé a llorar sin haberlo escuchado aún. Pero ya lo había entendido.

Sólo tenía que esperar a que despertases.

Habíamos ganado.

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